TODAVÍA HAY ESPERANZA

TODAVÍA HAY ESPERANZA

“Es la corrupción, estúpido”, parodiando la famosa frase de campaña de Clinton que hablaba de lo mal que iba la economía en el gobierno de Bush (padre).

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Octavio Quintero, 12 de agosto de 2014

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Un paso importante en la lucha contra la corrupción es perseguir hasta sus últimas consecuencias el patrimonio de los corruptos, como se ha anunciado en el caso de los implicados en el carrusel de la contratación en Bogotá… Porque con el sistema acusatorio y penal vigente, un ladrón de estos, con solo confesar su delito recibe rebajas en la pena, y en no más de 5 años, cuando se le condena, queda libre disfrutando de miles de millones de pesos mal habidos.
Y como seguramente, frente a la persecución del patrimonio acrecentado mediante el delito, los corruptos acudirán a los testaferros familiares o cercanos compinches, así como en el caso de los narcotraficantes deberán extenderse las investigaciones, y por ende los cargos penales, contra los testaferros.
Que no le quepa duda a nadie que la gran limitante de un mejor desempeño económico y social de Colombia es la corrupción contra la que choca todo buen propósito de gobierno como el que se anuncia en el discurso de posesión de Santos II, basado en “Paz, Equidad y  la Educación”, en ese mismo orden por si ello tiene alguna prioridad en la agenda presidencial.
La lucha contra la corrupción tiene muchos laberintos por donde se escabullen los delincuentes de cuello blanco. En el mismo orden en que se anuncia perseguir patrimonialmente a los reos y sus testaferros, extiéndase también las consiguientes sanciones a esos funcionarios públicos nominadores que bolígrafo en mano refrendan unas disposiciones que le cuestan miles y miles de millones de pesos al Estado, obviamente guiados por la coima, sin que hasta ahora se haya emprendido alguna acción de repetición importante.
Y a los partidos políticos… ¡Ah, los partidos políticos! No puede ser; nadie se explica que el flamante partido de la U, el del Presidente de la República; el del Presidente del Congreso; el dueño de más del 31 por ciento del gabinete (cinco ministros), pero también el partido político de casi todos los concejales de Bogotá, que junto con el alcalde Samuel y su hermano el senador Iván, tenían conformado el carrusel de la contratación que se robó a Bogotá no tenga ninguna responsabilidad en ello.
La U les dio los avales a esos ladrones… ¿Cómo va a ser que ahora nada tenga qué ver con ellos? Políticamente, al parecer, el único responsable del descalabro de la administración del infeliz Samuel Moreno, fue el Polo.
Necesitamos un gobierno que ponga y libre como primer punto de su agenda gubernamental la lucha contra la corrupción… Cualquier otra cosa que ponga por delante de este problema, por loable que sea: la paz, la equidad y la educación, como en el caso de Santos II, se estrellará contra este Leviatán que permea toda la administración pública nacional, departamental y municipal en connivencia con el sector privado.
La corrupción debe estar presente en el proceso de paz; la corrupción debe estar presente en el proceso de equidad (sea lo que ello haya representado en el discurso presidencial) y la corrupción, por último debe estar presente en la educación… Y así en todo: en la salud, en las obras públicas, en el medio ambiente, en el Ejército, en la Policía, en la Justicia, en todo/todo: la corrupción sale de la Casa de Nariño y muere en ese pueblito olvidado del Chocó o la Guajira en donde lo único que los arranca del olvido nacional es un reciente afiche de “vote por Santos: 2014/2018, pegado a alguna pared de tapia, madera, lata o cartón que ya se les viene encima.

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