SOBRE LA LEY DEL CANSANCIO

SOBRE LA LEY DEL CANSANCIO

"El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”: Maquiavelo

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Octavio Quintero

(Enero del 2015)

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Ya no es el criminal paseo de la muerte lo que aflige a los colombianos en su atormentado derecho a la salud, ordinariamente negado o culposamente omitido por las EPS. Ahora es lo que atinadamente el periodista independiente, J. Óscar Gil G. denomina “La ley del cansancio>: dilatar, dilatar y dilatar”…
 
Las EPS “juegan” a que en algún momento su cliente se cansará de llamar, ir, pedir, demandar y deambular de un lado a otro en busca de atención, hasta que preferirá convivir con el mal, si no es terminal, o tratarse particularmente.
 
Muchísimos colombianos del común están pagando prácticamente doble servicio de salud: 1. El que obligatoriamente tiene que pagar al sistema de las EPS y 2. En el que necesariamente tiene que incurrir frente a la “ley del cansancio”.
 
El relato de Gil, referido a su EPS de Comfenalco, puede ser suscrito, sin quitar sino tal vez poner más drama, por millones de colombianos unidos a EPS como esos matrimonios a la antigua usanza: “hasta que la muerte los separe”.
 
Su sentida nota está dirigida a “Presidencia de la República (Urna de Cristal); Ministerio de Salud y Protección Social, Superintendencia de Salud, secretarías departamentales y municipales de salud, personerías municipales, Comfenalco de la gente, Servimedic Quirón S. A. S. (IPS Pasoancho - Cali); Asociación de Usuarios de Comfenalco (ASUCOM); Clínica Ciclo Vital Colombia, Fundación Mi Hogar Otoñal, entidades de salud y medios masivos de comunicación”, y le faltó Fiscalía, Procuraduría, Defensor del Pueblo y CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos)…
 
Ninguno le responderá –ojalá tuviéramos que rectificar esta aseveración. Tal vez en algún medio alternativo – como en este de la Red Social de El Satélite—se divulgará la nota y quedará como un testimonio más de ésta que viene a ser una nueva versión, más refinada, del “paseo de la muerte”, al que definitivamente el gobierno se ha negado a ponerle punto final porque ha sucumbido al poder del sector privado que se mueve detrás del criminal y corrupto negocio de la salud.
 
Nota de J. Óscar Gil G.
Si bien es evidente la amabilidad y la excelente atención del personal de la E. P. S. de Comfenalco, desde los trabajadores de base, pasando por los paramédicos y facultativos, hasta los mandos medios, la verdad es que las absurdas disposiciones administrativas retardan la atención y los cuidados que requiere el paciente; generando entre los usuarios enorme malestar y desazón:
 
Cita con el médico general
Se pide, al denominado call center, y –si se logra establecer contacto, después de 4 a 6 intentos diarios durante varios días– la consecución puede tardar entre 3 y 8 días. Ya programada, el médico ordena cita con el especialista.
Cita con el especialista
Se pide y, si el facultativo es adscrito (externo), la reserva tarda 2 o 3 días. El tiempo –tratándose de especialistas internos (de la misma I. P. S.)– se prolonga 2 y hasta 3 semanas, y hay experiencias de demoras de uno o más meses; por cuanto que si se llama a mediados de la semana la respuesta siempre es la misma: "No se la podemos programar porque al médico aún no le han abierto la agenda; esté llamando para ver cuándo hay disponibilidad". Pero... cuando se vuelve a llamar (a principios o finales de la semana), si no se cae en el círculo vicioso de la no apertura de la agenda, entonces, la respuesta es: "Lamentamos, pero... ¡la agenda del doctor ya está copada!".
 
Cuando se logra conseguir esta cita, y el especialista ordena medicamentos y continuidad del tratamiento, se inicia otro vía crucis.
 
Al llevar la orden médica a “Autorizaciones”, ésta es retenida de 8 o 10 días para evaluación del auditor. Estando de buenas, ésta vuelve autorizada; pero, en caso contrario, entregan una orden para el médico familiar interno, quien decidirá la remisión al especialista.
 
Cita con el médico familiar
Pedir la cita con el médico familiar es agregarle –al tejemaneje del call center– igual o más tiempos de los ya mencionados para la orden inicial.
 
Programada la cita, este profesional (por fortuna) certifica la necesidad de que el paciente acuda al especialista que generó la orden de control.
 
Al llevar esta nueva orden a Autorizaciones sucede algo aberrante e insólito: ésta es retenida --¡nuevamente!-- de 8 o 10 días más, dizque para evaluación de Auditoría (¡¿?!); DESAUTORIZANDO a sus propios médicos de planta; y cayendo de nuevo en otro círculo ya no vicioso... sino perverso.
 
La orden regresa a Autorizaciones (ahora sí) con el visto bueno de Auditoría, para empezar a contar nuevas esperas en procura de conseguir la cita de control y seguimiento.
 
Pero, todo no termina aquí. Existe algo más aberrante: para el caso de consultas con el mismo especialista que viene tratando al paciente desde hace varios años, y que expide, con el objetivo de continuar los controles de rigor, la orden pertinente –ésta, CADA VEZ– es supeditada a pasar por todos los filtros ya detallados; como si no estuviera suficientemente comprobada y avalada la necesidad del tratamiento periódico.
 
Conclusiones
1. Sumados los tiempos descritos, la atención con especialistas llega a tardar 4, 5 y hasta más meses; pero ¡nunca! menos de 2 o 3.
 
2. Con esta práctica morbosa se pone en tela de juicio la idoneidad de reconocidos profesionales adscritos; y, más grave aún, la de los médicos que atienden en las mismas instalaciones de la IPS (separados por escasos metros –apenas por una o dos paredes o por un piso– de las oficinas de Autorizaciones y de Auditoría); aspecto que bien podría servir para erradicar la repudiable tramitomanía, disminuyendo los tiempos de espera y agilizando la atención debida.
 
3. Mediante esta tamización, al paciente lo pasean de Herodes a Pilatos, mientras su salud se deteriora paulatina y ostensiblemente; violando el derecho a la salud consagrado en los artículos 46 y 49 de la Constitución Política Nacional.
 
4. Resulta letra muerta lo dispuesto en la circular No. 000001, emanada del Ministerio de Salud y Protección Social, del 7 de enero del 2014, que en su numeral 2, 2.º inciso, establece: "En relación con las citas de medicina especializada, las Empresas Promotoras de Salud EPS, directamente o a través de su red de prestadores, deberán tener agendas abiertas para su asignación en la totalidad de días hábiles del año y no se podrán negar a recibirles su solicitud de cita ni fijar la fecha de la consulta requerida. En los casos en que se requiera autorización previa por parte de la EPS, esta deberá dar respuesta en un término máximo de cinco (5) días hábiles contados a partir de la solicitud de la autorización".
 
5. Con esta práctica perversa se busca que los pacientes sufraguen el costo de especialistas y hasta de medicamentos; cuando las cuotas de afiliación y las moderadoras son multimillonarias, y dan –sobradamente– para una buena y oportuna atención.
 
6. Se colige que el hecho de dilatar, perniciosamente, la programación de citas obedece a que estas empresas solo tienen adscrito un galeno –si acaso dos– por especialidad, quien no da abasto para atender centenares de pacientes; y una forma de regular la atención es postergando –adrede– las consultas. No de otra manera se explican los obstáculos que se han ingeniado. Baste con decir que esta es una práctica que se viene presentando solo desde principios del año pasado.
 
7. De manera consciente, se aplica la aporía de la doctrina política de Nicolás Maquiavelo, fundamentada en la preeminencia de la razón del Estado sobre cualquier otra de carácter moral; teoría consagrada en su obra El príncipe, escrita en 1513. Para muestra, transcribo solo tres de esos aforismos maquiavélicos:
* "El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”.
* "Quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar".
* "El fin justifica los medios".
 
Prueba reina e irrefutable
Estoy presto a comprobar y a demostrar –a quien lo estime conveniente– las irregularidades aquí denunciadas, confiando en que no seré víctima de retaliaciones que afecten mi atención particular; aunque en la E. P. S. de Comfenalco están registradas –en el historial de cada paciente– las anomalías por las que han pasado la inmensa mayoría de afiliados para casi todas las especialidades: pediatría, psiquiatría, neurología, ortopedia, traumatología, cirugía vascular y también para algunos procedimientos clínicos y de laboratorio.
 
Al parecer es solo la EPS de Comfenalco (IPS de Pasoancho) la que tiene este cuello de botella, solidificado en la ineficacia de su call center y en las manifiestas e injustificadas aprensiones y trabas impuestas por la Auditoría; negligencias que atosigan a los pacientes. Se me dirá que estos tienen la potestad de cambiarse de EPS; pero... queda el temor de pasar de Guatemala a "Guatepeor".
 
Pregunto: ¿Por qué –en el momento que Auditoría devuelve la orden del especialista para solicitud de interconsulta– no se programa de una vez, de acuerdo con las disponibilidades, el día y la hora de la cita; en lugar de poner al paciente en el predicamento de conseguirla, sometiéndolo a la pérdida de 1, 2 o más semanas; propiciando así el estancamiento temporal de las consultas? ¡Qué sencillo y práctico resultaría, si la intención no fuera la de prolongar la consulta con el especialista!
 
Es conveniente anotar que los afiliados –por distintas razones (falta de tiempo, carencia de un computador o estoica renuncia al derecho de ser atendidos), no se toman el trabajo de plantear y denunciar estas anomalías que les son adversas, limitándose a proferir su inconformidad y disgusto; propiciando de este modo la invisibilidad de tan grave problema.
 
Ojalá este texto produzca una sinergia positiva y no caiga en la indiferencia e indolencia de las personas y entidades que están obligadas a prestar un buen servicio en materia de salud.