POSCONFLICTO AL FIADO

POSCONFLICTO AL FIADO
 
Grupo Editorial El Satélite
Octavio Quintero/Director
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Nota de la RAE: Al fiado: se usa para expresar que alguien compra, vende, contrata o juega sin dar o tomar de presente lo que debe pagar o recibir.
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Toda la carga de cumplimiento de los acuerdos de La Habana se está poniendo sobre las Farc. Se dice que si no confiesan la verdad medible, verificable y comprobable, perderán los beneficios consignados en los acuerdos, es decir, se romperá el acuerdo.
 
Pero téngase en cuenta que se llama “acuerdo” lo pactado en La Habana. ¿Y qué es acuerdo?: es un convenio entre dos o más partes. Una parte es las Farc; la otra el gobierno, hoy de Santos y mañana del que sea, porque para eso se está blindando de la mejor manera.
 
¿Qué pasaría, entonces, si la contraparte de las Farc, es decir, el gobierno, no cumple con lo suscrito en los acuerdos de La Habana, una vez refrendados en plebiscito por el pueblo?
 
Esa es la cuestión a tener en cuenta en momentos en que parece que estamos aplaudiendo de pie el concierto de la paz, cuando apenas lo que suena, y muy desafinados, es la templada de los instrumentos.
 
Ahí se van dando pespuntes que nos ponen orejones y, de paso, dan razón al pesimismo de paz en que se arropa el alto costo del reintegro de las Farc a la vida civil. Dice el gobierno que el fruto de la reforma tributaria integral próxima a aterrizar en el Congreso no se destinará a financiar el posconflicto.
 
¿Entonces de dónde van a salir los recursos? Las donaciones internacionales no son suficientes. El jurista, Jaime Araujo Rentería, en su análisis titulado “Desacato y delito de opinión” (VER), hace una afortunada alusión a esto al decir que el gobierno en su afán de ganar votos para el SÍ, “está preñando la opinión pública de ilusiones que parirán desengaños”.
 
Bueno, las primeras pruebas de embarazos importantes se dieron en las últimas horas en la exsenadora, Piedad Córdoba, comprometida a ponerle 10 millones de votos al SÍ, al hacer referencia a los asesinatos registrados en estos días, casi al calco de la forma en que empezó el extermino de la UP: “Así no vamos a lograr la paz”, dijo en varios noticieros de TV. Y la otra preñada camino del desengaño la describió el exministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, también con el uniforme del SÍ ceñido al talle, cuando al preguntar por los recursos del posconflicto en su columna de El Colombia, concluye: “A la fecha, los recursos presupuestales para financiar el posconflicto son prácticamente inexistentes. (…) Después de tanto esfuerzo persiguiendo la paz no podemos dejar desfinanciado ahora el posconflicto”.
 
Y la conclusión viene por sí sola: si el más mínimo incumplimiento de las Farc lleva al rompimiento de los acuerdos – ¡eso dicen los voceros oficiales! --; si el incumplimiento es de la contraparte (el gobierno), también conllevaría el rompimiento de los acuerdos. ¿Volverían las Farc al monte?, o nos contentaríamos, ya preñados de ilusiones, con empezar parir más desengaños.
 
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Fin de folio.- Como ya nos acostumbramos a elegir entre dos males, el mal menor, tal vez esta vez nos contentemos con quedarnos con el pecado (las Farc) y sin el género (la paz).