PENAS Y ALEGRÍAS

PENAS Y ALEGRÍAS

Para una buena parte de los bogotanos comenzó un largo disfrute de puente fuera de la capital…

Pero su desplazamiento hacia el norte, entre Briceño y el sitio conocido como el peaje del Roble, unos 15 km, el puente es un suplicio: cerca de 50.000 habitantes quedan encerrados o fuera de sus casas, por el intenso flujo vehicular.

Por alguna razón que bien puede ser desidia colectiva y desconsideración social (gobierno nacional, gobierno departamental, gobiernos locales de Tocancipá y Gachancipá, concesionaria Solarte y Solarte y población civil), la llamada BTS, que ya llegó a Tunja y Sogamoso, no ha podido pasar de Briceño.

En ese tramo, tan cerca de Bogotá, se refleja toda la incapacidad del sector público, el abuso del sector privado y la indiferencia ciudadana. Ni parece importar nada ni a unos ni a otros.

El alcalde de Tocancipá, Carlos Julio Rozo, salió por ahí en un informe de RCN Televisión diciendo nada y proponiendo menos en torno a la parálisis que arriba de dos años sufre la llamada variante de Tocancipá…

Y el alcalde de Gachancipá, Nicolás Gómez,  considera que el asunto de la doble calzada a su paso por este municipio es una cuestión de aguante… de ver quien se cansa primero: si ellos diciendo que va paralela o él pidiendo variante…

¿Y mientras tanto qué? ¿Será que los s trancones, los accidentes, las incomodidades y los muertos, como en el viejo son bailable, eso lo paga Roberto Ruiz?

Fin de folio: el peaje que se paga en el sitio El Roble por una doble calzada que no existe refleja bien el realismo mágico de este país en donde sí se puede ensillar antes de tener la bestia, a no ser que la bestia seamos todos nosotros.