Frat Quintero

Los derechos de autor en la

sociedad del conocimiento (I)

El origen:

 “Sólo una cosa es imposible para Dios: encontrarle algún sentido a cualquier ley de derechos de autor en el mundo” Mark Twain / Libro de Notas 1902-1903.

Para dejar sentada desde un comienzo mi opinión al respecto, permítanme decir que estoy de acuerdo con que el creador de una obra, bien sea literaria, artística, científica o de cualquier índole, tenga el derecho legal a explotarla comercialmente y a que se le reconozca para in sécula seculórum su autoría.

Como conozco que existe el importantísimo derecho también legal, que tienen los ciudadanos al acceso a los productos de información, publicaciones y productos culturales, y digo que en la sociedad del conocimiento, cuyos pilares son el acceso a la información para todos y la libertad de expresión, todas las personas deberían tener derecho a la copia y reproducción, no voy a dejar para después, decir que la causa de la violación del derecho autoral tiene que ver precisamente con la exclusividad que las leyes han dado a los autores sobre la copia y reproducción de las obras.

De lo anterior se deriva una franca colisión entre, de una parte, el derecho que dan las leyes a los autores a controlar la forma y cantidad con que se copia y reproducen las obras, y de otra, la libertad de información, conocimiento y expresión que nace cuando una obra se vuelve pública. Diría que nos encontramos frente al viejo problema de los derechos individuales versus los derechos colectivos.

En beneficio del tema que propongo discutir con ustedes, habría sin embargo que hacer una distinción hablando de los derechos de autor: hay los que se denominan morales que contemplan  aspectos como el derecho al reconocimiento de la autoría y el derecho del autor a negarse a la realización de modificaciones, y existen los patrimoniales que permiten de manera exclusiva la explotación de la obra hasta un plazo que se cuenta a partir de la muerte del último de los autores.

Los derechos de autor o de propiedad intelectual como también se les dice, han evolucionado con el mundo mismo.  En el siglo I a.C. Marco Vitruvio Polión, arquitecto e ingeniero romano en su Libro Séptimo se refería al plagio de la siguiente forma: “…incurren en nuestra severa condenación aquellos que, robando los escritos a los demás, los hacen pasar como propios". En la Edad Media, si bien los textos no sacros se consideraban de dominio público, los manuscritos no podían ser alterados o mutilados y aquellas personas que copiaban sin permiso eran consideradas malhechores.

La protección de los derechos de autor se complica cuando a mediados del siglo XV Gutenberg inventa la manera mecánica de reproducir y copiar masivamente textos e imágenes sobre el papel. La Imprenta pronto se convierte en la nueva herramienta de comunicación del conocimiento más eficaz jamás imaginada y se hace proverbial el poder y el alcance de la página, tanto para lo bueno como para lo malo. Pese a lo anterior, el poder gubernativo de aquel entonces se las ingenia para mantener sobre los libreros e impresores el monopolio en la explotación.

Y las cosas continúan casi de la misma manera durante más de cuatrocientos años hasta que llegamos al punto en el que la modernización de las telecomunicaciones lo cambia todo: bueno, casi todo.

Las nuevas tecnologías facilitan el desplazamiento por todo el mundo de las obras, con lo cual aparecen los primeros tratados internacionales que intentan regular las relaciones entre los autores y los utilizadores de las obras en este nuevo escenario. Muestra de esto es el famoso Convenio de Berna de finales del siglo XIX, que nace ante el reclamo de los autores para que se generara una norma jurídica que los protegiera internacionalmente. El Convenio ha sido enmendado y revisado en más de una ocasión conforme ivan sucediendo los grandes cambios tecnológicos

Pero faltaba por llegar el último y más radical dúo tecnológico de todos los tiempos, el que ha puesto a repensar de fondo en el mundo entero la base jurídica de los derechos de autor; hablo desde luego de la digitalización y el internet. Con la digitalización desaparecen las formas y el Internet desdibuja las fronteras.

Por eso no es extraño que lo que más preocupa hoy en día a los gremios de artistas y compositores, y de manera general a los inventores y creadores, es encontrar la manera de enfrentar y solucionar los problemas que nacen con el uso combinado de las tecnologías digitales y las comunicaciones.

Pero de esto hablaremos en la próxima edición