...¡ES, SUPERMANNNNNN!
Por: ALBERTO MARTÍNEZ
(El Heraldo, de Barranquilla)
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Ahora resulta que al frente de los destinos de Bogotá está un superhéroe.
No es un pájaro, no es un avión, pero, en cuestión de horas, Rafael Pardo Rueda puso a volar la ciudad capital.
Desde que llegó a los convulsionados territorios del Palacio Liévano, por encargo de su padre putativo, empezó a resolver todo en Metrópolis.
Transmilenio, por ejemplo, fue el servicio más eficiente del mundo: llegaron más buses, y desaparecieron las congestiones, y la gente empezó a llegar a tiempo a sus sitios de trabajo, pues haciendo honor a la fama de Kal-El, este transporte masivo es más poderoso que una locomotora.
Al hombre (o superhombre para que le halemos al respetico), no le quedó grande ninguna tarea. La inseguridad, verbigracia, que gracias a sus extraordinarios oficios ya no hace parte de la agenda de los medios. En efecto, los bogotanos se recogen más temprano, ya no pelean en la calle, ni maltratan a sus parejas, ni son asaltados a medianoche. Los delincuentes, según los titulares, se fueron a otras comarcas apenas supieron que Pardo era más rápido que una bala.
Hasta los borrachitos al volante dejaron de alimentar el morbo de los reporteros de la noche (aquellos que contaban lo que estaba pasando mientras usted dormía). Antes del primer lamparazo de la noche entregan juiciosamente la llave, porque saben que el Hombre de Acero los ubicará con su poderosa visión de rayos X.
La corrupción, un mal que asoló a la ciudad por décadas enteras, también se fue. Hoy tenemos servidores públicos ejemplares, que nunca piden una comisión o retrasan deliberadamente un trámite o aceptan un soborno. Por aquí jamás volverá a aparecer un cartel de la contratación o cosa semejante. Súper Pardo, en un helicóptero ubicuo que sobrevuela la ciudad, está vigilante.
Bogotá, en fin, funciona como toda una metrópolis. Lo más sorprendente es que el alcalde encargado, a saber de dónde habrá venido, lo logró en menos de una semana.
Ahora que los medios se aburran de tantos buenos titulares, harán la averiguación exhaustiva de su origen y se encontrarán, probablemente, con que sus padres lo enviaron en una cápsula especial cuando su lejano planeta liberal se estaba autodestruyendo por inmoralidades que no lo tocaron.
Menos mal, porque en el momento en que más lo necesitábamos, apareció él para ponerle el pecho a los malos vientos.
Ya no resistíamos más a esa mezcla de Lex Luthor (el orgulloso y vengativo), Zod (el guerrillero de Krypton) y Massacre (el depredador alienígena) que era el tal Gustavo Petro, un provinciano revolucionario que vino con sus políticas antisociales (¿o eran socialistas?), a alterar el estatu quo de las élites bogotanas.
La periodista Luisa Lane (¿o era María Isabel Rueda? o ¿tal vez Vicky Dávila?) llamó a tiempo al último hijo de Krypton para que nos librara de esa pesadilla con final feliz de la que apenas estamos despertando.
Porque en este sueño comiquísimo, la única verdad es que mientras Pardo se asemeja más a Superman, los medios de comunicación nos parecemos al Diario El Planeta.
