Antonio Caballero
Las locomotoras de Santos no despegan. La de infraestructura no se ha movido un ápice: solo la semana pasada empezaron a llegar motobombas para desaguar las regiones inundadas desde hace un año por el invierno. La de educación, no puede ser más neoliberal en su concepto: privatizarla y comercializarla (como ha sucedido con la salud desde la funesta Ley 100 de Uribe, con catastróficas consecuencias). La de ciencia y tecnología, no parece echar mucho humo. La cuarta iba a ser la agricultura. La política agraria del gobierno sigue el “modelo de Carimagua” de explotación agroindustrial latifundista, a la brasileña: la tierra es para los ricos. La quinta locomotora, conformada por el petróleo y la gran minería, hereda de los años de Uribe dos graves lastres: los miles de licencias de explotación regaladas a troche y moche en regiones protegidas y parques naturales, y las garantías de estabilidad fiscal dadas a las multinacionales mineras, que pagan a Colombia las regalías más baratas del mundo.
