A LA LIMÓN...
Murió “La dama de hierro”, título ganado, no por jugársela a favor de los pobres sino por ponerse de parte de los ricos.
Un ultraconservador estadounidense, Newt Gingrich, por elogiar a la Thatcher, escribió en su cuenta de Twitter algo que resulta patético: «Margaret Thatcher, el papa Juan Pablo II y Ronald Reagan cambiaron la historia. El mundo sería un lugar diferente sin ellos».
Si el mundo de hoy es lo que es por éstos, resulta evidente que no hay nada que lamentar con la muerte de Thatcher, la última pata de ese contubernio que le impuso al mundo un modelo –el neoliberalismo- que ha destrozado toda la política social del Estado en aras de imponer una eficiencia de mercado por encima de la equidad social.
La muerte de Thatcher ciertamente traerá paz a la tumba, pero de aquellas víctimas que perdieron hasta la esperanza, la misma que hoy trata de erigirse de la mano de los “Indignados”, esos que recorren las calles de ese “mundo diferente” que crearon Reagan – Thatcher y Juan Pablo II.
