Octavio Quintero

10.08.2012 06:58

Vuelve el cántaro al agua

.- Me había hecho el propósito de no darle mucho crédito a las babosadas de Hommes, el exministro de Hacienda del expresidente Gaviria que, juntos, le pegaron ese revolcón de 1990 al país, en el estricto sentido gramatical de la palabra.

Pero es que su última columna (Una nueva versión del control previo), saca de casillas a Job. No le cupo una falacia más, simplemente porque se le acabo el espacio.

Si de algo sirve el cansón discurso neoliberal del exministro, es para constatar que la corrupción en Colombia es una endemia nacional que no se cura, simplemente, porque su causa (la dirigencia del país, de la que obviamente hacen parte muchas organizaciones sociales como las centrales obreras), sigue ahí, como Hommes… como Gaviria; como sus antecesores, como sus sucesores. Mientras ellos todos sigan copando el Estado en sus más altos niveles políticos, económicos y judiciales, todo seguirá siendo, como decía el insigne Jaime Garzón… “Lo mismo que antes”…

Que en antes no haya servido de antídoto a la corrupción el control previo, como tampoco sirve ahora el control posterior, es porque la corrupción goza de protección especial en ellos, que han llevado al país a la configuración de un Estado-ladrón, inmune al control previo o posterior porque son ellos mismos los que se controlan, previa o posteriormente… En raras ocasiones, cuando algún despistado (a) entra al juego en alguna de las mesas del casino, y cree que eso es limpio, el establecimiento se encarga de hacerle ver que “está en el lugar equivocado”: cambia o lo cambian.

Es cierto que tipos como Hommes y Gaviria siguen ahí, en cuerpo ajeno –como Simón- ya expresidente de la Cámara a menos de 30 años de edad y director único de una sigla política (en antes Partido Liberal), que se extingue por sustracción de materia. Es cierto… Pero esos cuerpos, como el Congreso, ya no infunden temor y respeto a nadie y por eso es que sólo se mantienen merced a la fuerza bruta, la misma corrupción y el avasallamiento económico, síntomas todos de un estado terminal por deslegitimación social.

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