Horacio Serpa
27.07.2011 06:37El gobernador de Santander lamenta la tragedia en la culta Noruega que asombra al mundo y hace un dramático parangón con la tragedia que abisma a Colombia en esta nota que titula: "Mirémonos el ombligo".
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El mundo sigue espantado por la masacre de Noruega. Setenta y seis
personas fueron asesinadas alevemente en el doble atentado cometido
por el ultraderechista Anders Behring Breivik, a quien señalan de
loco, fanático, asesino, esquizofrénico, islamófobo y cien
calificativos más.
Los colombianos vivimos como propia esta tragedia y de diferentes
maneras hemos manifestado nuestra solidaridad sincera con el pueblo
Noruego. “Fue un horror”, se ha repetido en todos los lugares.
Muy bien este sentimiento colombiano ante tamaño crimen. Pero muy mal,
muy malo, que permanentemente pasemos de agache sobre lo que ocurre en
nuestra propia patria.
El Tiempo informó el pasado domingo que los paramilitares “han
confesado casi 180 mil homicidios en Justicia y Paz”. Espantoso,
¿verdad?
La misma información detalla la magnitud de lo que nos ocurrió en los
últimos años bajo el imperio paramilitar: 3.983 cadáveres exhumados,
1.755 masacres, 36.011 desapariciones forzadas, 177.972 homicidios.
Son cifras de la Fiscalía General.
¿En qué País? En el nuestro, en nuestra Colombia querida, aquí mismo
donde vivimos con nuestros hijos y nietos. Es el mismo País por el
cual sufrimos hace algunos días cuando nos derrotó Perú en la Copa
América de Futbol. Hubo hasta lágrimas.
¿Alguien, aparte de sus familiares, ha llorado por alguno de nuestros
muertos? ¿Hemos sentido angustia en el alma por estos hechos
terribles? ¿Nos hemos avergonzado porque ello haya ocurrido en nuestra
propia tierra? ¿Lo hemos criticado públicamente? ¿Hemos hecho algún
comentario de desagrado, de rechazo, de indignación?
La inmensa mayoría de colombianos ni siquiera sabe lo que hemos
vivido. A muchos no les importa, lo que es mil veces peor. A muy pocos
preocupa que ni siquiera se haya aplicado justicia a los responsables.
Imagínense, solo se han dictado cuatro sentencias condenatorias.
Y eso que se trata solo de los crímenes aceptados por los malhechores.
Los asesinatos pudieron ser medio millón. Un número de muertos muy
superior a todos los muertos de todas las guerras del mundo en los
últimos treinta años.
¡De ese tamaño es nuestra tragedia!
Pero nunca saldremos de ella si no somos conscientes de lo que nos ha
pasado. Eso es lo primero. Conocer, saber, mirarnos nuestro propio
ombligo y ver con ojos bien abiertos lo que ha ocurrido, donde,
cuando, como, por qué, por quienes.
También es importante reflexionar hasta que punto somos responsables.
Me refiero a la indiferencia, a la impunidad, al nunca haber hecho
nada, ni dicho nada, ni denunciado nada, al “nadie se meta conmigo,
que yo con nadie me meto”, a la cobardía que significa pensar que todo
es con ellos y no con los míos ni conmigo, mientras asesinaban a
mansalva, todas las horas de todos los días, en todas partes, a
cientos de miles de nuestros compatriotas.
Y, claro, un propósito de enmienda. De involucrarse en la vida
nacional. Sin un “nunca más”, serio, responsable, definitivo, seguirán
los muertos.
Muy grave lo de Oslo. En Colombia ha ocurrido mil veces y no nos hemos
dado cuenta. Increíble. ¡Ya es hora de despertar¡
Bucaramanga, 26 de Julio del 2011
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