Entre líneas

14.07.2011 06:15

Entre líneas

Los medios de comunicación alardean hoy con el esperado crecimiento económico de Colombia (5,3%) reportado ayer por la Cepal, diciendo que estará por encima del promedio de 4,7% calculado para el concierto latinoamericano.

Por algo se dice que una verdad a medias es una completa mentira. El informe de la Cepal también dice: (…) “A nivel de países, el crecimiento este año estará encabezado por Panamá (8,5%), seguido por Argentina (8,3%), Haití (8,0%) y Perú (7,1%). Les siguen, Uruguay con 6,8%, Ecuador (6,4%), Chile (6,3%) y Paraguay (5,7%).  En tanto, Brasil y México crecerán 4,0%,  Venezuela 4,5% y Colombia 5,3%”.

O sea que en ese concierto de países latinoamericanos, Colombia apenas ocupa el 9º lugar, que no es como para echar voladores.

Y sea del caso aclarar, antes de seguir, que desde hace años, un alto crecimiento del PIB ha dejado de ser corona de un buen gobierno porque, y es el caso colombiano, puede darse un alto crecimiento económico con un pobre desempeño social, lo que sucede en países en donde las clases altas y más privilegiadas capturan la mayor parte de los ingresos y rentas generadas. En Colombia, para rematar el ejemplo, se da el caso de que un parlamentario honrado gane hasta 60 veces mensuales lo que gana un trabajador raso. Y eso es lo que se llama inequidad social.

Resulta loable que los medios de comunicación intenten meterle ánimo a la gente, pues, la psicología obra milagros. Pero a veces esos ánimos resultan muy forzados y, generalmente, ocultan políticas impuestas ayer, y hoy indefensables e inaplicables, como el modelo económico neoliberal en que –por desgracia- persiste Colombia.

Ese modelo nos ha condenado a ser pobres porque no genera empleo; y en consecuencia, a vivir en medio de una clase absolutamente polarizada entre familias (especuladoras) que lo tienen todo y otras (obreras) que no tienen nada.

Por ejemplo: ¿Qué le importa a una familia que una libra de carne valga 10.000 pesos si tiene con qué comprarla? Y, al otro lado de la moneda… ¿Qué le importa que valga 1.000 si no tiene con qué comprarla?

Es la lucha del Banco de la República de una baja inflación como resultado; como fin de su ostentosa autonomía que le ha cercenado al país la herramienta más preciada para emprender un adecuado desarrollo económico con equidad social: la autonomía monetaria, hoy supeditada a unos manejos impuestos desde fuera por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que tienen incendiado al mundo (sin exageraciones), y a cuyo altar acabamos de ofrendar la muy aplaudida ley de sostenibilidad fiscal.

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Fin de folio: en Colombia vivimos como esas familias al borde del desastre natural, esperando que nuestra casa sea la última en sucumbir a la avalancha.

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Vea el informe completo de la CEPAL, AQUÍ…

 

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