DOBLE PROPÓSITO

30.06.2024 14:41

Octavio Quintero

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Todos los medios de prensa registran la realidad 24/7. Lo que pasa es que su relato es, en parte, construido a través de opiniones e informaciones potenciadas subjetivamente por los mismos medios. Así crean e inciden, al tiempo, en el debate público que llamamos opinión. Todos, también, apelan siempre a la primera impresión del consumidor… El título es el gancho que nos atrapa; casi nada más nos basta para imaginarnos el resto. Si fuera posible medir la lecturabilidad de los títulos, sin el contenido, dese por seguro que muchos vemos y no leemos… Eso me pasa a mí, le pasa a usted, nos pasa a todos… Es el supuesto intrínseco y natural de todos, que nos lleva a dar por cierto lo que imaginamos. “Estigmatizar a la prensa afecta la democracia”, titula El Espectador, en referencia al presidente Petro… ¿Qué es estigmatizar?: afrentar, infamar, deshonrar o injuriar a alguien (RAE). Y el presidente, un contradictor irredento, responde al título del editorial: “¡No señor!, compartir la mentira acaba la democracia”. ¿Qué es mentir?: engañar, inventar, fingir. Calumniar (RAE). Resumo: estamos frente a un debate en que el medio dice que el presidente infama, injuria o deshonra a la prensa; y el presidente responde que el medio, al que alude, comparte informaciones que son falsas, en su concepto. Si la prensa crea e incide, al tiempo, en la calidad del debate y, por ende, en la democracia, entonces, construir un debate democrático con base en mentiras, es menoscabar la auténtica democracia, que dicen defender. Nota: el debate, prensa versus poder político, no solo es en Colombia, ni de hoy; Internet nos muestra que es global, y de siempre. Lo nuevo en Colombia, que el quid del asunto, es la arrogancia desarrollada hoy por los medios al interpretar el derecho fundamental a la libre expresión como licencia para mentir, sin derecho a réplica, porque lo toman como estigmatización. Epílogo: mi libertad termina donde empieza la del otro… Reclamar ante la mentira organizada de la prensa politizada en forma de terapia de odio o rechazo a su relato preconcebido, no es estigmatizar a la prensa, ni a sus periodistas. Más bien sería deber ciudadano señalar este desvío informativo que, ese sí, le está haciendo daño a la democracia.

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