Carlos Piñeros

28.09.2012 06:38

 

El valor de devolver las estrellas 

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Nota de El Satélite: El Colega se pronunció en torno a nuestro comentario “Para volver a ser dignos”, en donde nos parece el inicio de una catarsis ética y moral, la propuesta de Millonarios de devolver las estrellas conquistadas en la era Gacha.

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La idea de devolver las estrellas habidas con dineros del crimen tiene que pasar a los hechos; si no, quedará como un fariseo saludo a la bandera, un símbolo insincero de retorno a la ética, y se sumaría así a las tantas intenciones que pavimentan a cada respiro el camino hacia infierno.

 No se trata de ignorar la historia. Es todo lo contrario: reconocer los errores y tener el valor civil de afrontarlos con soluciones hacia el futuro. Lo han hecho, por ejemplo, Alemania frente a las bestialidades hitlerianas, y la Iglesia, frente a la pederastia.

 El placer de ganarse lo que sea, honradamente, no tiene precio. Dignifica el criterio humanizante y civilizador del ser humano. Es algo así como volver a las buenas costumbres, en el caso que nos ocupa. Y poner de relieve ante el mundo --comenzando por casa-- que se aprecia y se respeta la decencia. Que su hubo un error, se pone la cara para superarlo.

 Esa devolución será --si se cumple-- la simiente que acabe las rabietas, el atropello y, en genetral, la violencia y los malos hábitos en el fútbol. Nada menos.

 Y muy oportuna, máxime cuando coincide con la negociación de la paz nacional, que nunca ha debido perderse, y menos perderse por la entronización del egoismo exacebado y por el desprecio de una solidaridad elemental. Un concepto serio de patria habría estimulado a los dirigentes a promover la salida general del atraso, en vez de darle la prioridad a su bolsillo. Pero es otro tema.

La asombrosa afición por el fútbol convierte este deporte en un canal de suma importancia para transmitir buenos modales. Con aguas libias la Fifa pretendió hacerlo hablando de fair play o juego limpio. A regañadientes ha aceptado, recientemente, un juez adicional en cada portería. ¿Por qué no acepta la generalización del sistema eletrónico que usa el tenis y resuelve así, cona cierto apoyado en la electrónica inmediata, las dudas de cualqueir juez? Eso si evitará, en mucho, las componendas, los aprtidos comprados y muchas mañas, y contagiará, para bien, la afición del mundo. La afición, no. ¡la vida en todas sus manifestaciones!

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