Ya es hora de creerle a Santos

03.02.2011 10:47

Esto sí parece una charada: el presidente Santos insiste en que no tiene diferencias con el ex presidente Uribe, y la gente no le cree. ¿Por qué? La respuesta está en la lapidaria frase de Lampedusa en el Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Tenemos que creerle al Presidente que él es un continuador de la obra de Uribe, pero con un estilo distinto. Y esto es lo que la gente que aplaude a Santos, no ha podido o ha querido entender. En forma muy gráfica, ya lo dijimos antes: el barco cambió de capitán, pero no de rumbo.

“Se equivocan quienes quieren distanciarme del presidente Uribe”, acaba de reafirmar Santos en declaración recogida por todos los medios de comunicación. Y explica que la diferencia es de estilo (de forma), más no de fondo. Si el propio Presidente lo dice, eso tiene que ser cierto.

La diferencia de estilo entre Santos/Uribe puede sintetizarse en ese proverbio que dice: “Más vale maña que fuerza”. Traduciendo, digamos que Santos es un mañoso que logra por las buenas lo que Uribe tuvo que hacer por las malas: y no sólo hablamos de los falsos positivos y las chuzadas sino, también, del escandaloso cohecho con que forzó la reforma constitucional que le permitió la reelección en el 2006.

Entonces, si no tienen diferencias de fondo, Santos es Uribe III, como lo viene calificando el senador del Polo, Jorge Enrique Robledo.

Ese nuevo estilo que se respira en la Presidencia, y que obviamente se esparce por todas partes, hace más difícil la ya difícil labor de oposición en un país conquistado por mañosos y educado por curas.

Quizás resulte ahora menos difícil que antes adelantar una pedagogía de oposición. Pero eso no quiere decir que sea fácil. En estas primeras de cambio, ya hay una idea de que el Polo, único partido de oposición, está en la oposición por la oposición. Y esa falsa idea fue fortalecida por Petro que le vendió la idea a un importante sector de la opinión de que con el gobierno de Santos se podían tender puentes simplemente porque Santos no era Uribe, sino Santos, como él mismo lo dijo en la parte final de su campaña presidencial, cuando ya tenía el tiquete entre el bolsillo.

Es mucho el daño que Petro y Lucho le han hecho al proyecto de la izquierda en Colombia. Y quizás, más que estos dos trásfugas confesos, el alcalde Samuel Moreno, sindicado de corrupto. Pero, quienes consideramos que este barco va rumbo al abismo, tenemos que seguir bogando a contrario a ver si algún día lo hacemos cambiar de rumbo. Y, para empezar, tenemos que entender que Santos es Uribe III.