Ver para creer

26.10.2010 03:15


    El presidente Santos ha hecho en las últimas 24 horas un par de declaraciones que hasta los más escépticos y prevenidos contra su gobierno deben estar cavilando sobre el rumbo de su administración.

En sus propias palabras, el Presidente dijo estar dispuesto a perseguir con todo el peso de la ley a las cooperativas de trabajo asociado (CTA), y a replantear la discusión global sobre el enfoque de la lucha contra el narcotráfico.

¡Esas son palabras mayores!

En lo local, todos sabemos que las CTA son responsables no sólo de prestarse a los más viles atropellos a los trabajadores, sino que, según el mismo presidente Santos, las empresas “están usando la figura del cooperativismo para evadir el pago de impuestos y parafiscales”.

Nadie, desde la creación de este engendro empresarial, se había atrevido a tocar a las CTA. Si el presidente Santos cumple esa promesa de “perseguirlas con todo el peso de la ley”, estará librando a la clase trabajadora de una coyunda infame que se ha apoderado de las familias más necesitadas, robándoles sus ingresos y limitándoles el derecho a un trabajo digno.

Y en lo internacional, ni se diga. El hecho de que el presidente de Colombia, uno de los países más martirizados y destrozados por la irrupción del narcotráfico en todo su esplendor a partir de los años ’80, diga estar dispuesto a conversar sobre la legalización de la droga, que en el fondo es lo que significa su declaración de “replantear la discusión global sobre el enfoque de la lucha contra el narcotráfico”, pues, debe estar arrancando aplausos a la academia, la ciencia y la intelectualidad que, todos a una, vienen coincidiendo desde hace años en que a punta de bala la guerra contra las drogas no ha logrado más que derramar sangre y corromper al mundo: México es su última expresión más macabra.

Pero el presidente Santos ha dicho sobre este mismo tema otra verdad de a puño: resulta bien difícil explicarle a un campesino colombiano que si produce marihuana “lo vamos a meter en la cárcel, mientras ese mismo producto es legal en Estados Unidos”. Bien difícil, ciertamente; como bien difícil le queda también a EE.UU. seguir con una despiadada guerra a las drogas que no parece cobijar a los carteles que se lucran de tan pingüe negocio hacia el interior de su propio país.