Una regla que nos desarregla

09.12.2010 03:48

En medio de cierta indiferencia nacional dio su primer paso en la Comisión Primera del Senado el proyecto de acto legislativo que eleva a norma  constitucional la llamada “regla fiscal”. Es el último asalto del neoliberalismo en Colombia, pues, pone la eficiencia económica por encima de la equidad social, filosofía profunda y fin último del capitalismo a ultranza. Es, de paso, un golpe mortal a la tutela que ya no podrá concederse en defensa de ningún derecho económico, si con ello se pone en riesgo la salud fiscal del país.

Y es, para terminar, una interferencia del Ejecutivo sobre el Judicial porque, como lo dijo un cínico asesor de los que ayudó a redactar el proyecto de acto legislativo… “se trata de amarrarle las manos a los jueces” con el fin de que dejen de proteger por vía de tutela a los pobres en sus derechos económicos como la salud, la vivienda, el trabajo decente y la vida digna. Todo esto manda al fondo de la cesta la pomposa “regla fiscal”, mientras el país mira horrorizado la hecatombe invernal o se distrae con los chismes de Wikileaks.

Pareciera que hasta la naturaleza y las circunstancias juegan a favor del neoliberalismo que al igual que en 1990, mientras se distraía con los debates de la Asamblea Nacional Constituyente, el gobierno de Gaviria aprovechó para meternos el “revolcón” de la apertura económica, según lo confesó alguna vez otro rey del cinismo nacional, Rudolf Hommes, por entonces ministro de Hacienda.

Así, mientras nos ocupamos de los muertos, de los heridos y de las cuantiosas pérdidas materiales y patrimoniales de miles de damnificados por el invierno; y de paso nos gozamos uno que otro chisme de Wikileaks sobre los frívolos comentarios de los diplomáticos de Estados Unidos en torno a este “democrático” mundo que domina el Imperio, el gobierno y su aplanadora legislativa nos introduce la “regla fiscal” que nos arregla las cuentas económicas con el FMI y el Banco Mundial, pero nos desarregla las cuentas sociales, especialmente con los más pobres y desamparados que en Colombia son esos que no tienen empleo;  esos a quienes se les niega el derecho a la salud, a la educación y a la vivienda digna que sumados, están por encima de ese 90 por ciento que acaba de alcanzar el presidente santos en su último rating de popularidad, según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría para CM&, hecha –seguramente- entre  ese 10 por ciento que aparentemente vive bien, en triste comparación con los que viven mal porque, como dice el vulgo, “en casa de ciegos, el tuerto es rey”.