Sigan robando, muchachos

15.05.2011 06:38

Meter a la cárcel a unos cuantos funcionarios medios y altos del “Carrusel de la Salud”, no resuelve el problema. Ni tampoco intervenir, cerrar o liquidar unas cuantas EPS. Eso es importante –claro- pero no deja de ser lo circunstancial de algo mal hecho: la Ley 100 de 1993. Si no cae la ley, la venalidad quedará ahí, latente, y volverá a presentarse, tarde que temprano porque, como se dice popularmente, “la oportunidad hace al ladrón”.

A eso es que no está dispuesto el gobierno nacional, y lo advirtió el mismo día del debate auspiciado por el senador Robledo, al defender el ministro Santa María la Ley 100, como el gran avance de la política sanitaria del país en los últimos tiempos.

El gobierno nacional tampoco parece dispuesto a admitir su propia culpabilidad en el “Carrusel” que, tonto resulta decirlo, no apareció de la noche a la mañana. En medio de los aplausos al gobierno por su certera decisión de destapar la olla, y tal vez aplaudiendo ellos mismos, están altos funcionarios públicos que sabían y comían del negocio.

Ahora que la Procuraduría nos ha puesto al alcalde más importante del país de paticas en la calle por “grave omisión culposa”, también pudiera el gobierno, con más veras, poner de paticas en la calle un par de superintendentes, el de Salud e Industria, por ejemplo y para empezar…

Así como el robo a la salud era crónica diaria, la mercantilización de la política sanitaria es un reconocido adefesio que pone la eficiencia del negocio por encima de la  equidad social.

Abismados con las noticias de las “augustas” EPS, no hemos reparado que ciertamente el gobierno ha reconocido la enfermedad pero no quiere el remedio. Se asemeja a esos estoicos enfermos terminales que todo lo que exigen del médico es la verdad  de lo que se están muriendo. La verdad es que la Ley 100 estimula la corrupción, que es lo que nos está matando. El remedio sería derogar esa ley, que es lo que no quiere tomar el gobierno.

Un par de aseveraciones de la Contralora, Sandra Morelli, en su reportaje a María Jimena Duzán, de Semana, son escandalosas: 1) El sistema de salud tiene 116 puntos de alto riesgo por donde se pueden robar los dineros del Estado y los contribuyentes y, 2) Las EPS a nivel local “han caído en manos de los paracos”.

Es decir, pudiéramos editar un manual sobre “116 formas de robar al sistema de salud en Colombia” como invitación a la confianza inversionista, o exaltar en un seguro bestseller las buenazas acciones de los paracos detrás de las EPS en municipios y departamentos. Obras que, quizás, pudieran ser prologadas por el honorable ex magistrado de la Corte Constitucional, Eduardo Montealegre o Enrique Vargas Lleras (hermano del actual ministro de Interior y Justicia), abogados de cartel ellos, y del cartel de la salud.

Mientras persistamos en el modelo basado en la Ley 100, podremos parodiar con toda propiedad la célebre alusión del ex presidente Uribe a los congresistas: sigan robando muchachos mientras los meten a la cárcel… Y eso.