Si rasuran al vecino...

04.11.2010 04:22

    Parece macabra coincidencia que en momentos en que ha sido puesto en libertad el ex alcalde de Tocancipá, Miguel Ángel Garzón, otro alcalde, Alfonso López, de Gachancipá, enfrente problemas similares.

En efecto, el problema básico del ex alcalde fue que, como jefe de la administración municipal, pretermitió los controles que debió haber establecido para que su oficina de Planeación no transformara por un simple oficio la destinación de un predio de vocación agrícola a expansión urbana con lo que, obviamente, su precio alcanzaba una revaloración apreciable.

El alcalde López, según la denuncia que ahora enfrenta ante la Fiscalía, adquirió un predio de vocación agrícola en su momento  en 33 millones de pesos que, una vez cobijado por el POT como zona industrial, alcanzó un precio de más de mil millones.

Es, quizás, mucho más grave lo del alcalde de Gachancipá, pues, aparentemente, abusó de la ingenuidad de la vendedora;  se valió de información privilegiada e incurrió en conflicto de intereses al proponer al concejo una reforma del POT  de la que él mismo salía beneficiado.

La moraleja de estos infaustos episodios refleja a gritos el poco o ningún temor y respeto por la justicia humana. Seguramente, el alcalde López de Gachancipá conocía el infortunado destino de su vecino de Tocancipá y, sin embargo, subestimó el riesgo de resultar incurso en un delito contra la administración pública.

No nos alegra la suerte corrida por el uno ni la difícil situación que enfrenta hoy el otro. Siempre debemos tener compasión por  las desgracias ajenas, y más, cuando sus desgracias comportan la desgracia incluida de pueblos enteros que han caído en manos de una clase política corrupta que parece perseguir los cargos públicos como botines de combate antes que como vocación de servicio.

Y esta mala suerte no exculpa a los electores que han dado por elegir a sus gobernantes, más pensando con el estómago que con la cabeza. Es decir, ni los corruptos temen a la justicia ni los electores se cuidan de los corruptos.

“Mal está el enfermo, ni come ni hay que darle”, suele decirse, cuando las circunstancias se tornan extremas como las que en el ejercicio político y en la vida administrativa estamos enfrentando por estos lares de Sabana Centro, y en general, en todo el país.