Roussef, a la conquista del mundo

02.11.2010 04:39

 

La lectura que los colombianos podrían hacer de la elección de Dilma Roussef como presidenta de Brasil es que la desmovilización armada sí paga. Esta ex guerrillera de la década del 60 del siglo pasado, encarcelada y torturada en la dictadura militar que con el apoyo de Estados Unidos gobernó a Brasil entre 1964 y 1985, cambió las armas por el discurso socialista y supo alinearse bien, al lado del hombre que deja a Brasil en su mejor momento: Luiz Inácio Lula da Silva, su padrino en el ascenso al poder.

Entender a Brasil, pasa a ser un deber político en Suramérica porque en los años venideros su influencia en el mundo va a jugar un papel crucial para la suerte de estos países cuyas fronteras  mueren en alguna parte del gigante. De la mano de Lula, Brasil ha pasado a ser en los últimos ocho años la octava economía del mundo y a retomar por derecho propio la vocería del sur del continente.

Una somera visión de este Brasil que entra a la era del matriarcado americano con su presidenta Roussef, sucesora o contemporánea de Bachelet en Chile, Cristina en Argentina, Chinchilla en Costa Rica y la Clinton en Estados Unidos, la trae la crónica del diario Gara, que les dejamos a continuación.

 

Lucha contra el hambre

La ex guerrillera Dilma Rousseff se ha convertido en la primera mujer presidenta de Brasil y se enfrenta ahora al reto de conservar el legado dejado por su predecesor y mentor, Lula da Silva. Tras conocer su victoria reiteró que la erradicación de la miseria será su prioridad.

Tras la victoria electoral que el domingo la consagró como la primera mujer presidenta de Brasil, país que avanza firme en el camino de convertirse en una de las cinco mayores economías del mundo tras haber sido uno de los primeros en superar la crisis financiera global, se abre para Dilma Rousseff la transición para suceder, el 1 de enero de 2011, a su mentor, el popular mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, y darse a conocer en la escena internacional, donde su predecesor se han movido como una estrella de rock.

«Sí, una mujer puede ser presidenta» de Brasil, señaló el domingo por la noche la flamante mandataria electa, que en su juventud formó parte de la guerrilla que luchó contra la dictadura militar, al asumir «el compromiso de honrar a las mujeres brasileñas para que este hecho inédito [la elección de una mujer] se convierta en un hecho natural y pueda repetirse».

Rousseff coincidirá con la alemana Angela Merkel, la estadounidense Hillary Clinton y la argentina Cristina Fernández al frente de la máxima responsabilidad de Gobierno de sus países, un cargo al que sólo han accedido doce mujeres en la historia del continente.

Pero aunque no es la primera mujer en la región que conquista en las urnas la simpatía de sus compatriotas, su elección tiene la particularidad de haberle situado al frente de un subcontinente y potencia mundial, con 200 millones de personas.

Economista y mano derecha de Lula da Silva, Rousseff se alzó con una contundente mayoría del 56% en la segunda vuelta de las elecciones, diez millones de votos más que su rival, el conservador José Serra, prometiendo continuidad de las políticas sociales que sacaron a 29 millones de brasileños de la pobreza. Ahora tiene por delante dos meses para asumir el poder, en los que inaugurará su presencia internacional de la mano de su mentor y predecesor en el cargo. La próxima semana, le acompañará a la cumbre del G20 en Corea del Sur.

 

Erradicación de la pobreza

Analistas y destacados miembros del Ejecutivo resaltaron que «la población votó por la continuidad de este Gobierno» y en el mismo sentido se expresó la presidenta electa tras conocer su victoria.

Visiblemente emocionada al darle las gracias a Da Silva, Rousseff delineó a grandes rasgos su proyecto: una política económica responsable que priorice el crecimiento económico y el control de la inflación, y el «compromiso fundamental de la erradicación de la miseria», en la que viven millones de brasileños.

«Mi objetivo es que nuestro país se convierta en una nación de clase media», señaló. «No podremos descansar mientras haya brasileños con hambre, mientras haya familias viviendo en las calles, mientras los niños pobres sean abandonados a su suerte», subrayó. Por eso, pidió el apoyo de todos para ayudar al país «a superar el abismo que nos separa de ser una nación desarrollada».

Con una aplastante mayoría en el Parlamento, aunque muy diversificada entre las voraces e infieles fuerzas políticas que le apoyan que pueden dificultarle la gobernabilidad, Rousseff se enfrenta al reto inmediato de encuadrar a sus diez partidos aliados y formar un Gabinete de transición, en el que se espera estén ministros de peso del Gobierno saliente.

Según José Eduardo Cardozo, secretario general del PT y uno de sus coordinadores de campaña, Dilma Rousseff formará un equipo competente, con criterios técnicos y de gobernabilidad; es decir, con distribución de la participación entre sus aliados. Fuentes del partido consultadas por AFP indicaron que el papel del presidente saliente en el futuro Gobierno será de «consejero». El propio Da Silva señaló que «soy compañero de Dilma, lógico que voy a discutir con ella muchas cosas».

Una «dama de hierro» que militó en la guerrilla durante la dictadura, Dilma Rousseff, de 62 años, ha defendido el actual modelo económico de respeto a la ortodoxia fiscal, pero también quiere un Estado fuerte, con empresas fortalecidas y bancos públicos, una tendencia inaugurada por el actual Gobierno.

La que fuera ministra de Energía en el Ejecutivo de Da Silva se comprometió con el ahorro público, el control de la inflación y trabajar para conseguir tasas elevadas de crecimiento económico, al tiempo que rechaza «las visiones de ajuste que recaen sobre programas sociales y servicios esenciales a la población».

En cuanto a la política exterior, defiende igualmente la que su país ha venido manteniendo, que favorece las relaciones con el Sur, la presencia de Brasil en los foros internacionales junto a las grandes potencias y las relaciones cordiales con Irán.

Con respecto al ámbito ambiental, Rousseff -criticada por sus detractores por desarrollista- ha prometido intensificar la lucha para reducir la deforestación amazónica y acatar el compromiso brasileño de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 39% hasta 2020.

De ancestros búlgaros, divorciada y con una hija, quienes la conocen la describen como una mujer pragmática y con determinación, astuta y con una mente estratégica y lógica.

 

Detenida y torturada

Como estudiante, en la década de los 60, integró dos organizaciones guerrilleras clandestinas de oposición a la dictadura (1964-1985), el Comando de Liberación Nacional (Colina) y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR Palmares), aunque su grado de participación en acciones armadas, que ella niega, es todavía motivo de polémica. Arrestada en Sao Paulo en enero de 1970, fue condenada inicialmente a seis años de prisión, pero finalmente fue liberada en 1972. Durante su arresto y encarcelamiento fue sometida a torturas para que revelara la identidad de otros guerrilleros. Al salir de prisión reanudó sus estudios de Economía.

A principios de los 80 participó en la refundación del Partido Laborista Brasileño (PDT), pero en 1986 abandonó esa formación y se sumó al PT de Da Silva.

Rousseff nunca había sido candidata en unas elecciones, pero ejerció el cargo de mayor responsabilidad en el Gobierno de Da Silva, como jefa de Gabinete, y el presidente saliente la sacó del anonimato para convertirla en su sucesora.

Ahora tendrá que mostrar mucha habilidad para llenar el vacío que deja el popular Lula da Silva y manejar el pujante protagonismo internacional, la complicada gobernabilidad interna y los enormes desafíos económicos y sociales de la que ya es la octava economía del mundo.

Da Silva deja a su sucesora una situación que es el sueño dorado de cualquier presidente que llega al poder: amplia mayoría en el Parlamento, una expansión del PIB que superará el 7% en 2010 y una población satisfecha con las mejoras del nivel de vida de los últimos ocho años, periodo en el que 29 millones de brasileños han salido de la pobreza.

Pero también deja a la nueva mandataria, una economista de perfil tecnócrata a la que no acompañan ni el carisma ni la popularidad de su padrino, los gigantescos desafíos y fragilidades económicas y sociales de un país de 190 millones de habitantes donde el analfabetismo todavía ronda el 10% y la falta de saneamiento afecta a la mitad de la población.

El derrotado Serra anuncia una dura oposición

El derrotado candidato opositor a la Presidencia de Brasil, José Serra, señaló el domingo que los votos que recibió su formación, el conservador Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), representan una «victoria estratégica» y anunció una dura oposición al Gobierno de Dilma Rousseff. Serra obtuvo el 43,95% de los sufragios en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, frente al 56,05% obtenido por la presidenta electa.

En su primera comparecencia ante sus seguidores, Serra señaló que «yo vine aquí no para hablar de frustración, sino de confianza y de esperanza». Sostuvo que «en estos meses, cuando se enfrentaron a fuerzas terribles, ustedes alcanzaron una victoria estratégica, cavaron una gran trinchera, construyeron una fortaleza (...) en defensa de la libertad».

Tras reconocer «con humildad la voz del pueblo en las urnas», el derrotado candidato prometió una oposición más dura que la que enfrentó el presidente Lula da Silva en los últimos ocho años.

«A los que nos imaginan derrotados quiero decirles que apenas estamos comenzando una lucha. Vamos a dar nuestra contribución al país, en defensa de la patria, de la libertad, de la democracia, del derecho que todos tienen de hablar y de ser oídos, de justicia social», agregó el ex gobernador del Estado de Sao Paulo.

El PSDB logró el domingo vencer en ocho de los 26 estados que integran Brasil, dos más de lo que auguraban las previsiones, con lo que gobernará a los 64,2 millones de brasileños, el 47,5% de la población, que viven en Sao Paulo, Minas Gerais -los dos estados más poblados del país-, Paraná Tocatins, Alagoas, Pará, Goiás y Roraima. El también opositor Demócratas gobernará Santa Catarina y Rio Grande do Norte.

El Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff logró imponerse en Acre, Bahía, Rio Grande do Sul -donde los pronósticos auguraban la victoria de los conservadores- y Sergipe, además del Distrito Federal.

El centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) continúa su declive y gobernará en Mato Grosso do Sul, Mato Grosso, Río de Janeiro y Rondonia; y el Partido Socialista Brasileño (PSB) lo hará en Paraíba, Ceará, Pernambuco, Espirito Santo, Piauí y Amapá.

El triunfo de la oposición en la geopolítica del país es, sin embargo, relativizado por la amplia mayoría obtenida por el PT en el Congreso, donde contará con 311 de los 503 diputados, a los que habría que sumar los de los partidos que apoyan a Da Silva. En total, controlarían 402 escaños, la mayoría legislativa más amplia desde el fin de la dictadura. GARA