Petromorfosis

13.11.2010 07:41

Si usted se hubiera dormido hace unos tres meses y despertara hoy, no conocería a Gustavo Petro, ese que antes de usted dormirse era ungido por el Polo Democrático Alternativo (PDA), como su candidato presidencial a las elecciones del 30 de mayo.

Al despertarse, su inquietud obvia sería preguntarse qué pasó para que ayer, no más,  el excandidato presidencial dijera que no cabe en el mismo partido en que militan los Moreno (Iván y Samuel), el uno senador y el otro alcalde de Bogotá, el puesto público más alto que ha alcanzado en toda su historia la izquierda colombiana a través de elecciones libres.

Si usted mira los periódicos de su día antes del sueño, encontrará una foto de Petro haciendo la V de la victoria junto con la mano del senador Iván Moreno; y ni se diga de los abrazos y besos que encontrará registrados en los medios entre Petro y su fórmula vicepresidencial, Clara López, con la que hoy escasamente se cruza el saludo, y eso, mirando al suelo.

¿Podría ser que Petro hace tres meses no supiera ni pío de la supuesta corrupción que por lo visto ahoga la administración de Samuel? ¿Cabría creerse también que era inocente (pobrecito él), de que ese con el que hacía la V, era el rey del carrusel de la contratación en Bogotá?

Y la pregunta del millón, por si todavía no le ha pegado a ninguna: ¿Cree usted que si el Polo le da a Petro la presidencia que pedía, esas denuncias suyas hubieran visto tan deslumbrante luz mediática que nos enceguece a todos?

Solución: Sí, es la respuesta correcta a las primeras dos preguntas; y no, es la correcta a la última pregunta.

Cabe aclarar, finalmente, que la metamorfosis de Petro no ha sido solo en los últimos meses. Ese cambio extremo viene desde el 2007 cuando declaró a la revista Cambio (q.e.p.d.), que el problema de Colombia no era Uribe y que, para que la izquierda colombiana pudiera llegar al poder, tenía que volverse pragmática, una expresión que en los oídos de la izquierda pura es como un ¡Ave María!... en los infiernos.

Petro es el fin del fin de la guerra del establecimiento contra el Polo, en la que ha apelado a todas las formas de lucha: desde las chuzadas del DAS hasta la compra de conciencias baratas, como la de Petro. Claro que este “fin del fin” lo ha proclamado el establecimiento en varias veces y en distintas circunstancias, como “el fin del fin” de la guerrilla, del narcotráfico, de la corrupción, de la pobreza, de la politiquería, en fin…

O, visto desde otro ángulo, y como dice un acucioso observador del proceso político de la izquierda en Colombia, Orlando Rico Castro, “El POLO está pagando el costo de dar el paso de opositor a gobernante, eso cuesta y es un filtro natural para los líderes de una izquierda que aunque es el resumen de 70 años de maduración, apenas da los primeros pasos de poder”.