Pal'carajo

02.12.2010 06:38

La pequeña y mediana empresa en Colombia, agrupada en la popular sigla “PYMES”, congrega el 90 por ciento de los negocios del país y genera el 81 por ciento del empleo nacional.

Si ello es cierto, entonces, la política del gobierno, basada en la confianza inversionista que le entrega a las grandes empresas, especialmente multinacionales, jugosos bocados tributarios y gabelas indebidas envueltas en reducción de impuestos, zonas francas, dólar barato para importaciones, seguridad jurídica y favoritismo contractual, está mirando al lugar equivocado.

Resulta pertinente hacer notar el tiempo presente en que redactamos la nota, con el fin de significar que esa política de manos anchas con las grandes empresas sigue ahí, incólume y, quizás, inmodificable en este gobierno que anda de plácemes con tirios y troyanos, pero en cuestiones políticas, porque en las económicas, más de lo mismo que nos dio el anterior gobierno, parece ser lo del futuro inmediato.

Por eso resulta titánica la labor del Polo Democrático en momentos en que enfrenta, a la vez, su catártica crisis intestina y la avanzada económico-legislativa de una aplanadora que cuenta con el respaldo de todos los grupos políticos con representación en el Congreso, menos el PDA.

Pero ese es otro tema que amerita examen aparte, aunque no sobraba hacer caer a los lectores en cuenta de esta hazaña política que intenta actualmente la izquierda pura en Colombia.

Ahora de lo que se trata es de relievar que esa política económica no sólo nos está dejando en manos de unas arrogantes empresas multinacionales, sino que roba de paso los recursos públicos, los subsidios y prebendas, estas sí bien merecidas, que pudieran destinarse a fortalecer desde el Estado a esas PYMES que nos generan riqueza propia,  no exportable como la de las transnacionales, y le dan empleo a nuestra más necesitada mano de obra nacional, aquella compuesta por trabajadores de escasos conocimientos no por su culpa, sino por culpa también de la política educativa elitista, discriminatoria y excluyente que tenemos en Colombia.

Fin de folio: Al paso que vamos, estas empresas ya no serán multinacionales sino SUPRANACIONALES, porque vean: La arrogante empresa cervecera QUILMES, mandó a “freir espárragos” como dicen ellos, o “pal’carajo”, como decimos nosotros, al gobierno de Evo Morales de Bolivia, al negarse a reintegrar a su planta de personal, por orden del Ministerio del Trabajo, a cuatro trabajadores despedidos injustamente. Y por aquí entre nos, el restaurante y asadero “Las delicias” de Tocancipá le pidió a Bavaria alguna colaboración para celebrar sus bodas de oro, y como Bavaria ahora es Sab Miller, los mandó pal’carajo.