NO TODO VALE…

06.08.2017 07:47

El humor es algo más serio

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RED-GES EL SATÉLITE
(Director: Octavio Quintero)
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Referencia: Uribe versus Samper
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No puede ser –resulta inconcebible—que ciertas formas de expresión como el humor, el sarcasmo, la burla, la ironía y hasta la humillación tengan licencia de pasar por encima de otros derechos igualmente respetables, en aras del derecho a la libertad de expresión.
 
Un axioma, que impone la lógica, es que todo derecho se pierde cuando, abusando del derecho propio, se atropella el derecho de los demás. Es otra forma de decir, “mi libertad llega hasta donde comienza la libertad de los demás”: Sartre.
 
Y por eso existe el delito de injuria y calumnia que pone límite a la libertad de expresión. Dicha tipificación penal no exceptúa, por ningún lado, la calumnia o la injuria que se pueda configurar en formas de humor, sarcasmo, burla, ironía o humillación. Por el contrario, en algunos países, como España, se ha ido más allá de la injuria y la calumnia y se tiene tipificado como delito, la humillación.
 
En el ámbito de la comunicación escrita, oral, gráfica y hasta mímica, existen algunos sutiles artilugios que buscan generar determinadas sensaciones, generalmente hilarantes, en el receptor. Se trata de herramientas que son conocidas por quienes tienen un gran dominio del lenguaje y de competencias comunicativas…
 
La ironía y el sarcasmo son ejemplos de esto, pues, apuntan a dar a entender exactamente lo contrario, lo antónimo de lo que se está diciendo. El carácter irónico, en cualquier caso, cumple una función cómica, pues, se expresa en forma de ridículo… Pero en ocasiones traspasa esa barrera y roza lo agresivo y lo ofensivo.
 
En resumen, hasta aquí: para ser humorista irónico, sarcástico, injurioso o humillante, hay que tener un gran dominio del lenguaje para no traspasar la barrera de lo agresivo u ofensivo, a partir de la cual se estaría incurriendo en el delito de injuria y calumnia.
 
El caso Uribe/Samper
 
Un juez acaba de condenar al expresidente Uribe a retractarse de la injuria y calumnia que le infringió al periodista Daniel Samper Ospina, exdirector de la revista Soho y actual columnista de la prestigiosa revista Semana, al sindicarlo en las redes sociales de “violador de niños”, a secas…
 
Y el expresidente, en su retractación, deja sentadas unas premisas sobre la libertad de expresión que debieran considerarse en el plano de lo legal y constitucionalmente admitido como libertad de expresión y de opinión.
 
No estamos pidiendo censura: no, por supuesto que no, sino proponiendo el alinderamiento  expreso del derecho de libertad de expresión porque, así como se puede tomar in extenso en el art. 20 de la constitución (… “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones…”), también se puede tomar como real limitación en el art. 44 que establece que (…)  “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”.
 
Al aceptar la retractación del expresidente Uribe, el periodista Samper Ospina hace una acotación bien importante: “Considero su rectificación como un nuevo lindero”, a secas, es decir, no especifica cuál es el nuevo lindero, pero parece dejar abierta la posibilidad de que en las distintas formas de humor que se mencionan atrás, él u otro cualquiera, pueda traspasar la barrera de la ofensa y lo agresivo sin ninguna responsabilidad social al decir que nadie está obligado a que le guste su labor periodística, “siempre apegada a ley”, y resaltó que nunca ha aspirado a que su trabajo sea del agrado del senador Uribe.
 
¿O sea que, resulta “apegada a la ley”, según Samper Ospina, la burla descarnada de la hija de la senadora Paloma Valencia, porque le puso por nombre “Amapola”; y resulta apegada a la ley la burla que en el pasado hizo de la figura facial del exministro Valencia Cossio; y resulta apegada a la ley la burla, la humillación o la ofensa que pueda hacerse de una persona porque sea coja, tuerta o manca; gay, negra o albina; o resulta apegada a la ley la burla y mofa de toda una población porque sea antioqueña?
 
Yo no creo… Los jueces nos deben una acotación jurídica al respecto. Y antes que eso, el propio Samper Ospina, por respeto a la propia libertad de expresión bien administrada de que gozamos todos; por respeto a la niña Amapola, cuyos derechos “están por encima de los derechos de los demás”, debiera retractarse, sin necesidad de sentencia judicial, y proponerse manejar el humor al estilo de  iluminados periodistas colombianos que le dieron brillo: Osuna, Pepón, Castillo; Tola y Maruja, entre muchos otros.
 
Tal vez, un estricto dominio del lenguaje (sindéresis y sintaxis), es lo que le quedó faltando a Daniel Samper (hijo) para ser un humorista de la talla de Daniel Samper (padre), sin perder la seriedad, entrando en la extravagancia y chabacanería.
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Fin de folio.- Un amigo le dijo a otro “hijo de puta”, y el otro le pregunta: - ¿En serio o charlando? – En serio, le respondió. -- “Ah, eso sí, porque si no, habría sido una chanza muy pesada”.