No hay quinto malo

16.03.2011 06:50

Solo quienes ingenuamente sigan creyendo que en el fondo Santos es distinto a Uribe, podrían dudar que sea ajeno a las ingratas sorpresas que se van descubriendo en su gobierno.

Santos es, ante todo, un calculador de largo aliento que no se cansa de tender la trampa una y otra vez a sus víctimas. Como buen tahúr, de lo cual se ufana, no se descompone cuando pierde ni se desguaza la ropa cuando gana.

Santos tiene la facultad de convertir sus eventuales derrotas en éxitos. Es, quizás, el vivo y patético ejemplo de la filosofía Maturana: “Perdiendo también se gana”.

Unos cuantos ejemplos son suficientes: (1). Convirtió en aplausos el mezquino incremento en el salario mínimo sólo porque, de ley, tuvo que subirlo unas cuantas décimas para que no quedara por debajo de la inflación, lo cual habría sido inconstitucional. Y la tribuna, alentada por los grandes medios de comunicación que le son afines, explotó en aplausos. (2). Volvió a explotar el respetable, como dicen los taurófilos, pidiendo orejas y rabo, cuando ordenó retirar el “articulito” que elevaba la edad para poder optar a una pensión de jubilación, descubierto por el senador del Polo, Jorge Enrique Robledo, como enorme mico horqueteado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND).

Seguramente ahora volverá a explotar la tribuna cuando mande retirar también el otro mico descubierto en el PND que eleva de 1.150 a 1.300 el número de semanas cotizadas para poder acceder a una pensión de jubilación  por vejez, con lo cual se obligaría a cerca de 5 millones de trabajadores de no más de dos salarios mínimos en su gran mayoría en los actuales momentos a tener que trabajar tres años más. En el fondo, es la misma perra con otra guasca: no se incrementa la edad pero se aumenta el tiempo. Es decir, usted se puede jubilar después de los 60, pero como tiene que cotizar más semanas, esto no lo va a lograr sino por ahí de los 65 en adelante.

¡Se las saben todas!

Pero este par de ejemplos son gotas en el mar de la política neoliberal que Santos hereda de sus ancestros posteriores a Gaviria, entre ellos, Uribe que fue regio. Santos, que no lo dude nadie, superará a todos: tiene carisma, tiene inteligencia, tiene buenas relaciones, tiene astucia y paciencia, Y sobre todo, no tiene hígados.

Lo que hizo con Ecopetrol, profundizando su privatización, aprovechándose de la tragedia nacional del invierno, es ejemplo al canto. Lo que hizo también amparado en esa emergencia, convirtiendo en leyes permanentes toda la frustrada emergencia sanitaria de Uribe, es otra regia jugada. Lo que está proponiendo con la educación que nos ha prohibido llamar “privatización”, porque se trata de “estímulo a la inversión de capital privado”, es otro artilugio de esos que sólo brillan en la mesa de los tahúres redomados. Lo que se propone en política agropecuaria de eliminar las Unidades Agropecuarias Familiares (UAF) para poder entregar toda la cantidad de tierra que pidan las trasnacionales agropecuarias, es abrir la puerta del frente a lo que por detrás quiso meter, frente a Juan Camilo Restrepo, el inexperto Uribito.

Santos no es “Uribe III”, como dice el senador Robledo, del Polo. En eso está equivocado. Santos es el quinto Presidente del régimen neoliberal impuesto en Colombia a partir de 1990 y, por desgracia, nos va a resultar cierto eso de que “no hay quinto malo”.