Nada avanza hacia atrás

14.03.2011 07:31

La elección popular de alcaldes, y por ende de gobernadores, diputados y concejales ha cobrado tal interés en el país que ya estamos inmersos en las elecciones de fin de año. A decir verdad, estamos hablando de nuevos alcaldes desde muchos antes. En algunos casos, desde la misma elección de los que ahora están terminando su cuatrienio.

Así visto el entusiasmo electoral que nos envuelve desde tan temprana hora, pudiéramos reflejar a los ojos del mundo un estado maduro de democracia participativa. Pero no: como dicen popularmente, “que nos compre el que no nos conozca”.

Ese desbordado entusiasmo no es más que el interés de los corruptos por apoderarse, in situ, de jugosos botines municipales y departamentales, sin mayor exposición nacional, porque la corrupción es tal en Colombia que los principales medios de comunicación apenas alcanzan a destapar algunos sonados casos del orden nacional que quedan, por demás, en eso: en sólo escándalos que se ocultan tras el escándalo mayor del día siguiente.

Pero la solución no pasa por recentralizar el nombramiento de los alcaldes y gobernadores en vez de la elección popular, como parece insinuar en su columna de la fecha en El Tiempo, Daniel Samper Pizano. La solución pasa, y es de Perogrullo, por la justicia, en primera instancia; y por una mayor correspondencia entre elegir y revocar el mandato dado al elegido.

Si la justicia no opera, da lo mismo que el alcalde o gobernador corrupto sea elegido o nombrado. Y fuera de que la justicia entre nosotros como que también cojea pero no llega, la revocatoria de un alcalde o gobernador resulta imposible, aunque haya excepciones, que es lo que confirma la regla.

Si lográramos agilizar un tanto las investigaciones y llevar a la cárcel a un mayor número de ladrones de los recursos públicos, de un lado; y si, por otro, se pudieran emprender con celeridad procesos democráticos de revocatorias, incluyendo a tanto inepto que llega mediante procesos corruptos inescrutables, podría verse que la elección popular de alcaldes y gobernadores fue un paso inmenso en la socialización de la democracia en Colombia y no ese salto al vacío en que la hemos convertido por la impunidad y el clientelismo.

Los concejales y diputados tienen que llevar del mismo bulto, pues, ellos concelebran estas “bodas de plata de un cáncer nacional”, como titula Samper Pizano la conmemoración de marras.