Esoterismo económico

10.02.2011 05:20

Vienen al escenario de las discusiones económicas del momento unos temas que de entrada nos resistimos a ingerir. Son temas-remedio, para llamarlos de alguna forma parecida a esos tratamientos que no quisiéramos sufrir nunca y que sin embargo nos toca por razones de salud.

En el campo internacional, la persistencia de la crisis financiera nos va haciendo insensibles a sus estragos. Las noticias van desapareciendo de las primeras planas de los medios porque los medios viven del rating y la gente siempre exige algo nuevo día tras día para “entretenerse”. Esas noticias que irrumpen en la opinión como los relámpagos en las nubes, pasan pronto al examen de los eruditos que constituyen un mundo reducido, exclusivo y excluyente. De ahí a las bambalinas de los diseñadores internacionales de políticas económicas: BM, FMI y OMC con su G-8 a cuestas, donde se cuece la mentira organizada que gobierna al mundo.

Ese bombardeo de noticias sobre la crisis inmobiliaria, primero, y financiera, después, en Estados Unidos, ya no causa sensación. Lo siguiente fue Europa: Grecia y su circunstancia, que nos preocupaba. Después Portugal y luego Irlanda, y en el trasfondo, España, y escaramuzas de postre en Alemania y Francia. Eso tampoco es ya noticia. Eso es ahora cotidianidad.

Desaparecen las noticias de las primeras planas pero no los problemas. Los medios las cambian porque no son novedad, no causan admiración, no nos interesan: somos consumistas… También de noticias.

Aterrizando en Colombia, las circunstancias políticas de un año electoral en el campo local que, por supuesto, atrae más a la gente por el juego de los intereses personales que comporta, no van a dejar espacio para el análisis público del Plan de Desarrollo, pintorescamente llamado “Prosperidad para todos”. Pintoresco porque, en el escenario de un modelo neoliberal como el que nos rige, el gobierno y los ricos nos vienen diciendo, años ha, que para salir de la pobreza hay que producir más… Pero basta un somero análisis para darnos cuenta que los pobres son pobres porque los ricos se apropian cada vez más de todos los recursos. Entonces, lanzar un Plan de Desarrollo bajo el axioma de “Prosperidad para todos”, significaría cambiar el modelo y no creo que sea esa la intención de la administración Santos.

Si tuviéramos tiempo para el análisis de este plan, quizás tendríamos que empezar por ingerir unos remedios que de entrada, como decía al principio, nos parecerán repulsivos, intelectualmente hablando en este caso, como por ejemplo:

1) Si el crecimiento no nos ha traído la “prosperidad para todos”, ¿por qué no empezar a hablar de un decrecimiento?

2) Si el producir por producir y consumir por consumir sólo ha traído mala calidad de vida y la destrucción del planeta, ¿por qué no pensar en un plan de desarrollo socioecologista que mire al conjunto de la sociedad desde un punto de sostenibilidad ecológica, no económica, como en el Tratado de Roma?

El asunto sería producir menos y repartir mejor: ¿Quién le pone el cascabel al gato?