El pasado en presente

20.12.2010 06:55

Muchos ex presidentes viven de la historia que crece con el tiempo… Pero más viven de esa historia, aparte de los historiadores, sus propios herederos, algunos de ellos, unos petardos.

 

Todo juicio histórico es una hipérbole que crece o decrece con el tiempo, según el contexto político en que se haya desarrollado el hecho. Así, La historia de los ex presidentes que en el sondeo de la Fundación Liderazgo y Democracia ocupan los primeros lugares, está marcada por la llamada “República Liberal”, y de ahí el resultado tan sorprendente, como que el propio Libertador, Simón Bolívar, apenas haya alcanzado un discreto sexto lugar, por debajo de mi general Santander, quedando los dos próceres de nuestra independencia, ninguneados por los Lleras y López Pumarejo.

Pero, bueno, dejemos la cosa ahí, en punta…

Más que referirme a las conclusiones del ranking, quiero dejar sentada mi nota de protesta por los términos en que el abogado y columnista, Carlos Lleras de la Fuente, arremete en su columna del diario El País, de Cali (19-12-10), contra quienes, de alguna u otra forma, no comparten su visión –no neutral- de la historia, en el caso específico de su progenitor cuya dimensión –con respecto a él- es tan grande que con sólo agregarles el apellido materno, uno ve que algo va de Carlos Lleras (Restrepo) a Carlos Lleras (de la Fuente).

Ese (Lleras) de la Fuente cree ofender a El Tiempo tachándolo de “eunuco”, y si lo hace en sentido figurado como que, en cuanto a política, ya no es “ni chicha ni limoná”, lo está elogiando porque, precisamente, una de las condiciones sine qua non de un buen periodismo es ser neutral. Mejor dicho, ahí le sale “el tiro por la culata”.

A renglón seguido, se le alborota la intolerancia y el machismo, al llamar “ignorantes” a “numerosos godos y godas (…) que no saben de historia”: pobre Cazas (Alberto) y pobre María Isabel (Rueda).

Por fuera de ellos, a quienes parece referirse,  aunque para hacerlo haya dicho “¡oche! Con todos los marranos”, a su olímpico desprecio agrega a “tanto gañán” que no se ha dado cuenta que el gobierno presidido por Lleras Restrepo es, “antes y después del Frente Nacional, el mejor gobierno con que había contado el país”, según López Michelsen.

Qué lástima que López, como todos los políticos, sufriera de esa especie de dualismo mental que le permitía decir unas cosas mientras pensaba otras… Si no, ¿cómo se explica entonces que en el famoso “Consenso de San Carlos”, López, como Presidente, hubiera apoyado a Turbay y no a Lleras Restrepo en su intento de reelección en 1978?

Ahora, lo que voy a decir, no lo hago como historiador sino como testigo presencial del gobierno en donde floreció mi carrera de periodista en Caracol y en El Tiempo: pienso que Lleras es el presidente responsable de la profunda corrupción que invadió al Congreso después de su mandato, al haberle “comprado” su iniciativa tributaria por los auxilios parlamentarios, que de ahí en adelante, el Congreso perdió su dignidad de “Poder Legislativo” para irse convirtiendo poco a poco en una especie de “Comité Legislativo” del presidente de turno.

Y pienso, igualmente, que los respetables historiadores que le asignan tan alto honor en la historia de los ex presidentes del país, le prestan un flaco servicio a esa historia que necesariamente continuará después de ellos, al ignorar, adrede, el ya indiscutible robo que hizo de las elecciones presidenciales de 1970. Para mí que, una de las razones por las cuales no se deja echar más atrás la fecha de la ley sobre reparación de víctimas que acaba de situar el Congreso a partir de 1991, es porque, en llegando al gobierno de Lleras, habría que incluir entre las víctimas a reparar a los “pobres” hijos y nietos del general Rojas Pinilla: La Capitana, Samuel e Iván, entre otros.

Qué bueno fuera que para “desasnar a los colombianos”, entre los que, cuando se trata de la lista de Lleras de la Fuente, me cuento; y dentro de ese “toque personal” que le suele imprimir a sus escritos, el hijo de Lleras Restrepo, que no tiene más méritos sino ese, nos contara más sobre ese triste episodio de la vida nacional en el que evidentemente hay poca persuasión pública al decretar el Estado de Sitio para enviarnos a dormir a la brava a las nueve de la noche mientras cuadraba los resultados electorales; poca prestancia moral, poco respecto al Estado de Derecho y menos, mucho menos, democracia, valores inmersos en los resultados del sondeo de marras.