El humor de las cosas serias

22.10.2010 07:15

     Oiga, si no fuera por lo profundamente corrompido que se nos está revelando todo esto de la contratación pública en Bogotá, el asunto sería hasta “chistoso”, o al menos una pieza de una comedia que ni el genial Shakespeare podría superar.

En este nuevo escándalo se nos refleja en todo su esplendor la perversión del ingenio a la que ha llegado nuestra clase dirigente: política, administrativa, empresarial y económica. Es como si posáramos la mirada sobre un barril de puercos apiñados unos contra otros a ver cuál le echa mano primero a la mejor tajada. Y todos chillando…

Un ex candidato presidencial, Gustavo Petro, herido y rencoroso, arremete contra su partido, el Polo, no tanto porque quiera depurar sus conductas, sino como pataleta de niño malcriado a quien no dejaron hacer lo que quería. Nada de esto estaríamos sabiendo si la gente del Polo no se le atraviesa a Petro cuando sacaba al partido por la puerta de atrás para ofrendarlo al presidente Santos en bandeja de plata.

Irrumpe un senador, Iván Moreno, de quien se presume es el poder detrás del trono de su hermano (Samuel, el alcalde de Bogotá) y se “agarra de las mechas” con Petro y sus secuaces a ver quién tiene la mejor información confidencial sobre escándalos y corrupciones para mandar al otro a la cárcel.

¡Qué maravilla! Esto se está poniendo bueno.

Aparece un tal Nule (bueno ya sabemos quién es, pero hace unos cuantos meses no teníamos ni la menor idea), a quien por demás estaban buscando las autoridades como aguja en pajar, y revela que sí, que el senador Moreno, y de paso el Contralor Distrital, le estaban pidiendo comisiones para hacerle adjudicar los mayores y mejores contratos de la capital.

En su declaración salpica, o mejor, embarra hasta el cuello, al ministro de Transporte de la administración Uribe, Andrés Uriel Gallego, diciendo de él que es (…) “o un inepto o un corrupto”.

¡Ahí fue Troya!

Ya vimos que saltaron liebres de todos los rincones: el ex presidente Uribe por su lado y CM& por el suyo, porque el periodismo también sufre de polarización: o se le cree a pie juntillas a un criminal cuando su denuncia va en contra de ese alguien que en nuestra subjetividad esperamos con ansia que se hunda; o le descreemos de tajo cuando con su declaración mancilla a ese alguien que en nuestra subjetividad anhelamos que nada de nada pueda pasarle.

Volviendo a Bogotá, esto es cosa de locos: el ex presidente Uribe –quién no recuerda- se jugó a fondo en la pasada elección de alcalde para impedir la elección de Samuel Moreno. Y anoche, el senador Juan Lozano,  presidente del Partido de la U –el de Uribe-, nos revela que los concejales de ese partido han venido colaborando con la administración de Samuel y que ya no más. Como en el dicho ese, ante el naufragio, “las ratas son las primeras en abandonar el barco”.

Y, eh aquí, otro curioso episodio: se dice en los periódicos de hoy, que la decisión de Lozano de retirar el apoyo a Samuel, no fue consensuada.

Esta comedia, si se nos permite seguirla llamando así como distensión emotiva, va para largo. Y como en las mejores comedias, no se pierda el siguiente capítulo que ya está puesto en escena: sintonice cualquier medio de comunicación, y verá.