El dedo en la llaga

21.03.2011 02:40

El editorial de El Espectador del domingo 20 de marzo toca el problema de la expansiva urbanización de Bogotá con un título metafórico de gran alcance: “La sabana ya es de Bogotá”.

Haciendo un juego de palabras para explicar un tanto el alcance de la metáfora, podríamos decir que ya no estamos en “La sabana de Bogotá”, sino que Bogotá ya está en toda la Sabana”.

Este concepto, por supuesto, tiene mucho que ver con los municipios cercanos a la gran capital, desde Soacha, al sur, hasta Gachancipá, al norte; o desde Facatativá al occidente hasta Choachí, al oriente, y todo lo que tan extensa zona abarque a la redonda, que puede, inclusive, cobijar, por el oriente hasta Villavicencio y por el norte hasta Tunja.

El editorial concluye que la panurbanización de Bogotá es el principal problema, por encima, inclusive, de la minería, la gestión del agua, la invasión de los cerros o la proliferación de la floricultura en invernaderos plásticos, temas en los que ha venido adentrándose El Satélite en sus últimas ediciones, no sin contratiempos, costos y riesgos que por difíciles que sean unos y temerarios otros, no nos van a amilanar.

Nos congratula este editorial de El Espectador que recomendamos leer, especialmente a aquellos predadores de los cerros en Sopó, Tocancipá y Gachancipá, para que se den cuenta que la campaña de El Satélite, no es un  capricho de loco ni alguna tirria personal contra nadie en particular.

Y sea la oportunidad para aclararle a algún candidato a la alcaldía de Tocancipá que ha decidido enviarle un mensaje inadmisible y cursi al director de este medio, prohibiéndole publicar nada a favor o en contra suya.

Ese candidato debiera saber que en Colombia existe la libertad de expresión consagrada en el art. 20 de la Constitucional Nacional; que él, al fungir como político es un hombre público y que todo lo que diga o haga en público puede ser publicado con o sin su permiso y que, todo hombre público, por ende, queda sujeto al escrutinio de la opinión pública, incluyendo su vida privada.

No parecería ni necesario precisar esto, pero ante la tozudez, resulta explicable la redundancia.

Vea: La sabana ya es de Bogotá