Del subdesarrollo mental

27.02.2011 11:54

La vida al debe ha sido constante a lo largo de la historia. Cuando la canasta familiar se adquiría en las tiendas del barrio, las cuentas se llevaban en rudimentarios cuadernos o simples pedazos de papel.

 “Hoy no fío, mañana sí”, era uno de los avisos pegados a las vitrinas de las tiendas. O ese famoso cuadro del rico y el pobre que decía: “Yo vendí al contado”; “Yo vendía al fiado”, y tantas otras argucias, no impedían que la mayor parte del mercadeo en las tiendas se hiciera al fiado… Y sigue siendo así en esas viejas tiendas…

La vida al debe ha escalado pedestales más arriba que un simple mercado. Hoy la gente, a través de su(s) tarjeta de crédito, vive al debe en casi todo lo que quiere… Y quiere mucho porque el dios del mercado le exige, para ser importante, “tener antes que ser”, como bien lo dice Eric Fromm.

La diferencia es que el financiero de hoy no solo es agiotista sino anatocista, es decir, cobra intereses sobre intereses, como la UVR (Unidad de Valor Real) que se inventó nuestro flamante ministro de Agricultura de hoy cuando era ministro de Hacienda ayer, para reemplazar al UPAC tumbado por la Corte Constitucional.

Si aceptamos esto, podemos entender por qué el Banco de la República acaba de subir las tasas de interés. Como su principal función es la de controlar la inflación antes que estimular el crecimiento, le resulta muy fácil desalentar la demanda de la gente a través de unas tasas de interés más altas.

“Desalentar la demanda”, también es un decir, porque lo que se hace con la subida de las tasas no es que la gente diga algo así como… “de esto no voy a comprar”, sino que se le quita capacidad de consumo por el encarecimiento del crédito con lo que termina pagando más por lo mismo, o pagando lo mismo pero por menos, que es lo más seguro dada la virtual congelación de su nivel de ingresos que sólo se ha reajustado en aquellos mezquinos puntos de la inflación registrada.

Nunca le he hallado gracia a esta elemental función de los flamantes directores del Banco de la República. Eso no requiere mayor esfuerzo mental porque resulta tan fácil como elevar cometas: si ventea suéltele cuerda; si no, recójale mijo. Bueno, algo de gracia tiene la cosa, pero nada más.

Tenemos, para concluir, un alza en las tasas de interés porque se corre el riesgo de que el  todavía discutido y pichirre incremento del salario mínimo presione la demanda y recaliente la economía. Por ese camino y bajo esa premisa, estamos condenados a crecer por debajo de cualquier ambiciosa meta que nos proyecte más allá de nuestro infeliz estado de subdesarrollo económico en el que se refleja, ante todo, nuestro subdesarrollo mental.