De CasaVerde a CasaNare

29.10.2010 04:39

    Ese tema de la reforma a las regalías está pelando su lado oscuro y adquiriendo una dimensión inusitada. No se haga extraño que debates como la “independencia” del Casanare que se divulgó en las últimas horas, afloren por todas partes, en un país agobiado por el centralismo.

El debate abierto por el senador Robledo, el primero en denunciar en el Congreso y ante la opinión pública el lado oscuro del proyecto de acto legislativo, ha generado todo tipo de reacciones en el país. Según Robledo, el debate ha sido manipulado por el gobierno nacional, sesgando la importancia del tema y ocultando los verdaderos intereses que hay tras la reforma a la ley de Regalías.

Es evidente que el sesgo del tema pasa por la profunda corrupción que se ha apoderado de las administraciones locales (gobernaciones y alcaldías), sin que esto signifique que las cosas sean distintas  en el campo nacional. La implícita acusación de que hay que arrebatarle a los gobiernos seccionales y municipales el manejo de esos recursos “porque se los están robando” ha provocado la reacción –y con razón- de los mandatarios que, como diría el ex presidente Turbay Ayala, han logrado mantener la corrupción “en sus justas proporciones”. Pero en el fondo, la propuesta de reforma no se da porque se busque eticidad en su manejo, sino porque el gobierno central necesita esos recursos para acomodar sus propias cuentas de despilfarro y corrupción nacional.

Ese es un tema.

 El otro es que resulta razonable que si las riquezas del subsuelo colombiano son de todos los colombianos, pues, nada más racional que su debida explotación (que implica por demás otra arista venenosa del asunto), beneficie a todos en alguna proporción equitativa. En eso –y para ser justos- la propuesta del gobierno nacional es defensable. El problema es que,  en un país de corrupciones a todo nivel y escala, ¿cuál es la entidad honesta que se encargaría de hacer llegar los recursos de las regalías a todos los rincones del país?

“Tíreme ese trompo en l’uña”…

De momento, ojo con las susceptibilidades que están aflorando, quizás las más, estimuladas por el afán de mantener la gallina de los huevos de oro, pero algunas otras, sinceramente hastiadas de un centralismo que asfixia desde la capital, toda independencia de orden local o regional.

Centralismo que, entre otras cosas, y es lo que está ya fastidiando, viene envalentonando en la capital desapacibles comentarios contra la provincia y sus gentes tras el arribo al poder del presidente Juan Manuel Santos.

Ojo, también que –sin añoranza implícita-, en el tránsito de Uribe a Santos, podríamos estar pasando, como dice el pueblo, “de guate-mala a guate-peor”.