Con amigos así...

22.11.2010 06:46

El presidente Santos se quejó muy diplomáticamente del asilo que Panamá le concedió a la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, diciendo que lo menos que esperaba de un amigo era que le hubiera informado sobre el particular, antes de tomar esa decisión.

Menos mal que la presidencia de Colombia obró en Santos el don de convertirlo en reposado estadista, si no, otro fogón estaría echando chispas en otra esquina del país si, por ejemplo, un asilo parecido hubiera solicitado y se le hubiera concedido a Piedad Córdoba en Venezuela, en el momento más álgido de, esa sí, persecución política, como se viene desbrozando ahora con las chuzadas del DAS.

Con la impudicia propia de los cínicos, el presidente Martinelli, dice que no le consta que la exdirectora del DAS sea perseguida política, pero le concedió el asilo en gracia a una petición que le hizo, ese sí, su amigo el expresidente Uribe, según denuncia en su primera página el diario panameño La Prensa.

Es cierto que se requería de prudencia en las relaciones internacionales del país, convertidas en la pasada administración en pataletas mediáticas que daban vergüenza. Pero resulta cierto también que “lo cortés no quita lo valiente”. Si el presidente Santos no quiere –y ojalá que no- hacerle el juego a esta patraña diplomática que le hace el quite a la justicia colombiana que persigue a la principal testigo del escándalo político más bochornoso conocido hoy en el mundo democrático, más bochornoso que el famoso “”Watergate” que derribó a Nixon, tiene que pedir en extradición a Panamá a la prófuga para que la investigación pueda avanzar.

Y no se trata solo de rescatar el hilo de las chuzadas del DAS en busca del halcón, ese que desde lo más alto las ordenaba y que, algunos de sus secuaces llamaban –“el número 1”. Es que, el asilo otorgado a la señora Hurtado, está diciendo al mundo que, en efecto, en este país de Colombia se atropellan los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, no se respeta el debido proceso y la justicia es un perro que ladra y muerde a instancias del amo que lo azuza.

Y aunque, cosas de estas es lo que intentamos aclarar con la exdirectora del DAS, estamos casi seguros que todo lo de atrás, no es su caso… Salvo que entre su misma ralea haya cómplices que quieran silenciarla. Y si esto es así, puede ocurrirle mucho más fácil afuera que aquí en donde la queremos más viva que muerta, para que nos pueda contar la verdad.

De momento, Martinelli se ha corrido el antifaz, y si persiste en el asilo, le está dando una bofetada al país y al derecho internacional que no puede soslayarse en aras de la amistad, y ni siquiera de la diplomacia porque, como decían el par de amigos que se querían mucho, pero que no eran maricas “llegando al culo, no son chanzas”.