Alabado sea el invierno

31.01.2011 08:43

Un  tema que deberá mover los cimientos de la opinión pública en muchos frentes es el de los decretos expedidos por el presidente Santos en virtud de la hecatombe invernal que devastó el país en el último trimestre del 2010.

Sólo unos pocos analistas le han prestado atención al alcance de estas medidas que se concretan en la creación de un poderoso “Fondo de Adaptación” con más plata que “un cura con dos parroquias”, como dice la gente, que se regirá por las normas del derecho privado, es decir,  con patrimonio autónomo sin tener que hacer “engorrosas” licitaciones ni concurso de méritos. El estimativo de los recursos se aproxima a 18 billones de pesos.

Mucha tela tiene  este rollo. Y de hecho, podríamos preguntarnos ya…  ¿cómo es que en la junta directiva no  quedó nadie en representación de la sociedad civil como, digamos, alguien de las centrales obreras o de las organizaciones comunales, mientras, obviamente, sí aparece abundante y poderosa representación del sector privado, empezando por el veterano banquero, Jorge Londoño, junto a cuatro representantes más de la empresa privada?

 En un país, donde la corrupción se lleva entre 4 y 5 billones de pesos al año… ¿qué nos garantiza que este Fondo se va a mantener impoluto? Porque, no nos vengan a decir que de la noche a la mañana, con la sola palabra del Presidente, se acabó la corrupción en Colombia. Y, además, “con todo respeto”, como dicen los pastusitos (único diminutivo que sigue siendo de recibo en el país pos Uribe),  resulta bien difícil hacerle creer a la gente que un banquero es la gema de la honradez en Colombia, digamos, no por el doctor Londoño, sino por la deshilachada imagen del sector financiero aquí y en Cafarnaúm.

Largo y ancho debiera ser el debate. El Congreso tiene su prueba de fuego, aunque no deba esperarse mucho de una aplanadora “cero kilómetros”, como la Unidad Nacional. Podría esperarse más por los lados de la Corte Constitucional.

No sé por qué, sin necesidad de ser constitucionalista, ahí hay cosas que huelen a extralimitación de funciones como, por ejemplo, el recorte de funciones a las CAR que, no por defenderlas, parece un zarpazo a la Carta que les confirió autonomía y les fijo funciones que no puede el Ejecutivo usurpar por la simple vía de un decreto, así sea de emergencia social.

Pero eso es lo más notorio. En ese cúmulo de decretos de emergencia se configuran unas reformas tan profundas que estaríamos lejos de calumniar al Presidente si pensáramos que debe estar agradecido de que el cielo le haya dado la oportunidad de hacer en 30 días lo que Uribe no pudo hacer en ocho años: profundizar el modelo neoliberal y recentralizar el manejo del país en la manera y forma que se configura en esos benditos decretos del invierno.