¿Qué pasa en España?

07.12.2010 10:01

Solemos considerar los problemas del vecino como ajenos, mientras no toquen a la puerta, y cuando tocan ya es tarde, porque en este mundo interconectado y globalizado, nada es ajeno ni tan lejano que no pueda llegar algún día.

 

Solo unos cuantos analistas, y de vez en cuando algunos medios colombianos, aluden a la grave crisis financiera que arropa desde hace meses a todos los socios de la Unión Europea, comenzando por sus locomotoras Alemania y Francia, siguiendo con sus periféricos Grecia (que ya cayó), Portugal (que tambalea), Irlanda (que se resiste) y España (que está en capilla).

Suponemos que los medios de comunicación, hoy en día dominados también por el capital extranjero, se han trazado el propósito de no hablar de esto sino lo indispensable porque, como dicen, “en casa de ahorcado no se habla de sogas”.

La romería de familiares, amigos, conocidos y paisanos que en los últimos años viajó a España, y que ahora vemos de vuelta, igual o peor de lo que se fueron, con una mano atrás y otra adelante, creo que nos ha hecho un poco más sensibles a la suerte ibérica.

Pero, sobre España se abate una dicotomía económica que resulta difícil precisar cual decisión es peor: si que resista al crack, hundiendo en su epidermis social ese bisturí que recorta las nóminas, precariza el empleo, privatiza las empresas públicas y abre las puertas al capital extranjero, o acepta de una el rescate financiero de la UE que le extiende una hipoteca de 500.000 millones de euros y, por supuesto, la obligación de continuar con más de lo mismo: neoliberalismo a ultranza.

De vuelta al ejemplo del mal ajeno, situémonos en Colombia: no parece de recibo hablar en estos momentos mal del gobierno de Santos. Pero es que se podría calificar de ignorancia supina la euforia nacional, y en analistas de muy alta ponderación (Samper, Caballero y Zuleta, entre otros),  tan sólo porque cogió el timón pero no cambio el rumbo hacia el precipicio. No entiendo qué estamos aplaudiendo, porque el destino final, trazado hace 30 años en los albores del “revolcón” de Gaviria, sigue manifiesto. ¿Qué se amistó con Chávez? ¿Qué volvimos a saludarnos con Correa? Bueno, es cuestión de estilo que pasa del chabacano a la cínica diplomacia convencional,  porque Wikileaks nos está revelando que dentro de esa solapada diplomacia, también se estila –en privado- cierta chabacanería de mal gusto.

¿Qué acogió en su regazo nuevamente al “Glorioso Partido Liberal”, nada más justo con el Partido que preludió desde López Michelsen (1974-1978) el libre mercado y le abrió las puertas de par en par en el de Gaviria (1990-1994).

Resulta evidente que cuando los aplausos amainen, y pongamos las posaderas nuevamente en la fría gradería del circo, vamos a encontrarnos con la cruda realidad de lo mismo que aqueja a España, que ahora vemos tan ajeno y tan lejano: el desarrollo de políticas bajo el auspicio del neoliberalismo y sus músculos financieros y comercial: BM, FMI y OMC.

Yo guardo mis aplausos para un gobierno como el de Evo Morales en Bolivia, que acaba de arrancarle al neoconquistador español, banco BBVA, el manejo privado de las pensiones; y para los de Chávez y Correa, cuyas políticas económicas cursan más en pro de los menos favorecidos.

Mientras Colombia siga marcando la pauta del neoliberalismo entre los países latinoamericanos, para mí no habrá cambio de gobierno sino de estilo, y en ese orden de ideas, tiene razón el Polo al considerar a Santos como el Uribe III: “La misma perra con otra guasca”.

Fin de folio: en el gobierno de Santos nos parecemos un poco a esos condenados a muerte en Estados Unidos a quienes se les concede como último deseo, en el súmmum de la democracia, la posibilidad de escoger la forma de morir.