¿Para qué sirven los partidos?

21.02.2011 02:33

Editorial de la edición No. 28 que entra hoy en circulación.- Los partidos políticos son la máxima expresión de la sociedad civil. No sólo sirven para elegir gente sino, y principalmente, para decir cómo esa gente que elegimos nos está gobernando.

En ese ejercicio que conocemos como “control político”, es cuando los partidos se distinguen unos de otros. Y vengan unos ejemplos al caso:

Si el problema es de libertades, entonces deberá esperarse una actividad muy grande en este campo del Partido Liberal.

Si el asunto toca con reformas económicas, éticas o morales, el turno al bate debe ser para el Partido Conservador.

Si los problemas son de inequidad o injusticias sociales, la voz de protesta se levanta inmediatamente de las izquierdas.

Y, en los últimos años, si lo que vamos a discutir toca con temas ambientales, entonces los Verdes en todo el mundo, han pedido la palabra… Así los vemos en Alemania, donde nacieron, en Francia y casi toda Europa, donde pelechan con fortuna.

Colombia es un país atípico, según nos han definido ponderados historiadores y analistas nacionales e internacionales. Y eso resulta patético en el caso de nuestro Partido Verde.

No es que el Verde esté en el lugar equivocado, como dice la acuciosa columnista, Natalia Springer en El Tiempo del 13-02-11. No, es que el Verde en Colombia no piensa igual que los verdes del mundo. Mejor dicho, para usar nuevamente la socorrida frase, Los verdes entre nos, son atípicos.

Cómo no va a ser atípico un partido conformado por un ex alcalde que cautivó a la opinión pública mostrando el culo; otro que se inició como sindicalista y término de patrón y, uno más, expresión absoluta del excluyente poder económico, elegido por esa masa informe que se hacina en los transMilenio.

Eso nos puede explicar por qué frente a todos estos temas de desgreño y atropello ambiental, escenario natural de los Verdes del mundo, el Verde de Colombia no haya dicho “esta boca es mía”.

Esto resulta patético también, no sin cierta amargura, en el campo local. ¿Dónde están, por ejemplo, los concejales verdes de Tocancipá y Sopó: Alfredo Fonseca, Yeison Rozo y Jerónimo Valderrama que no han dicho ni mu frente al ataque de los areneros predadores contra los cerros del oriente de estos municipios?

Su silencio resulta compatible con el silencio de sus mayores en torno a temas nacionales como la reforma de las CAR o el plan nacional ambiental. Nada han dicho sobre la seguidilla de accidentes mortales en las minas ni sobre el despojo de empresas trasnacionales de santuarios ecológicos a los indígenas. No, ese no parece ser asunto de ellos…